oscardelaermita
Poeta recién llegado
Raros y puros, trazos y tragos, ...y el fin del mundo
irreversible incendio interno, parias sin patria, ...y el vértigo.
un ciclo místico y bello de horror y osadía, ...y un grito de frío.
Hay cosas rotas que brillan y hay trozos de balas que matan.
Escoria sensorial de un horno que parió raro
y se nos iba la vida en dejarnos morir.
Hay mudos recortes demídetidetodos en cada uno de mis tropiezos
que no mueren por más que cambie el color de las paredes.
Un solecito, un recodo a modo de terracita,
una maceta de un geranio sin pétalos y un horno que ardió de verdad,
una nevera manantial y un puchero posada,
y evanescente ritual de magia díscola, autorretrato de un disparo
...y la irreverencia.
Hice mapas de mis revoluciones en la encimera de tu cocina
y cubriste mis deudas jugando a la ruleta rusa
cada vez que me partían el corazón o la quijada.
Mi libertad condicionada y un grito libre de opio e incienso,
unas piernas con una falda corta, unas medias de red,
y un tahur que fiaba mis cuentas con su ojo de cristal,
y me bebí tu vino para justificar el frío de la calle.
Y se me olvida lo que olvido, y sé que olvido por pudor,
se del estanque de tristeza que os inoculé cuando tu casa perdía la horizontalidad.
Y hay una noria en espiral de la que aun no me he recuperado
por la ilustrada terquedad que casi nos mató, habrás de perdonar
habrás de perdonar las veces que no recogí mis restos de huérfano,
las que os robé vuestro afecto y manta de la mesa camilla,
los trozos cobijo que no encontraréis pues los tengo yo parasiempre
esos en los que me parapeté para ser quien no era
y mirar con las orejas abiertas.
Habréis de perdonar que no os dejara follar.
Que me fumara vuestra hierba y os robara libros y discos.
Tengo carbón de tus papeles de estraza en el ciego de la boca
y me sepo a ciego e incienso de musgo y palosanto,
mi nicotina eran tus madrugadas y tus madrugadas mi escondite
y mis uñas negras de rasparte trucos y adagios.
Fui amante guisante de cada rincón de tus días y mis fechorías,
alacrán en tu huracán, escort de tus pendencias y consumidor sumiso.
Hay una runa en mi bruma con las llagas que me hice escamoteándote vodka.
Hay un rincón de estrellas que se veían desde tu sótano,
una puta constelación de algoritmos con el estilo de tu puto trazo,
el puto trazo de tus putos cuadros, de tu universo de ojos y de peces muertos,
el puto verso libre que anestesió mis sentidos,
borrachos de oleo y carbón, misturas y aleaciones a milquinientosputosgrados,
manchados de residuos y sudor, cínicamente muertos.
Escucho al fondo los Cure, y te veo con tus dedos manchados de acrílico y vino,
y parece que te veo salir de abajo tarareando un tema que nunca supiste entonar
con los brazos abiertos a todo lo que pudiera ocurrir
la certeza del paraíso libertario allende tu cerradura,
la que usábamos sin rubor ni delicadencia,
parásitos hambrientos en busca de calor y norte.
Y nos disteis calor y licor, amor y pan, vino y hogar, arrojo y encaje.
Os debo lo que me llevé para plantar en mi huerto de intentos e ideales,
la ceniza que solo soy es la hierba que notasteis que faltaba y nunca reclamasteis.
Balanceé mi equilibrio tantas veces en las escaleras de tu sótano
que puedo volar y hablar en mil idiomas sin abrir la boca.
Y hay lo que vino de lo que hubo
como un hierbajo muy verde pero muy inútil
que sostiene el halo de sombra que parezco.
Tengo control porque en mi llavero
tuve la llave de tu casa que me sostuvo
de mi balanceo en el abismo.
A veces, cosas rotas, siguen brillando
irreversible incendio interno, parias sin patria, ...y el vértigo.
un ciclo místico y bello de horror y osadía, ...y un grito de frío.
Hay cosas rotas que brillan y hay trozos de balas que matan.
Escoria sensorial de un horno que parió raro
y se nos iba la vida en dejarnos morir.
Hay mudos recortes demídetidetodos en cada uno de mis tropiezos
que no mueren por más que cambie el color de las paredes.
Un solecito, un recodo a modo de terracita,
una maceta de un geranio sin pétalos y un horno que ardió de verdad,
una nevera manantial y un puchero posada,
y evanescente ritual de magia díscola, autorretrato de un disparo
...y la irreverencia.
Hice mapas de mis revoluciones en la encimera de tu cocina
y cubriste mis deudas jugando a la ruleta rusa
cada vez que me partían el corazón o la quijada.
Mi libertad condicionada y un grito libre de opio e incienso,
unas piernas con una falda corta, unas medias de red,
y un tahur que fiaba mis cuentas con su ojo de cristal,
y me bebí tu vino para justificar el frío de la calle.
Y se me olvida lo que olvido, y sé que olvido por pudor,
se del estanque de tristeza que os inoculé cuando tu casa perdía la horizontalidad.
Y hay una noria en espiral de la que aun no me he recuperado
por la ilustrada terquedad que casi nos mató, habrás de perdonar
habrás de perdonar las veces que no recogí mis restos de huérfano,
las que os robé vuestro afecto y manta de la mesa camilla,
los trozos cobijo que no encontraréis pues los tengo yo parasiempre
esos en los que me parapeté para ser quien no era
y mirar con las orejas abiertas.
Habréis de perdonar que no os dejara follar.
Que me fumara vuestra hierba y os robara libros y discos.
Tengo carbón de tus papeles de estraza en el ciego de la boca
y me sepo a ciego e incienso de musgo y palosanto,
mi nicotina eran tus madrugadas y tus madrugadas mi escondite
y mis uñas negras de rasparte trucos y adagios.
Fui amante guisante de cada rincón de tus días y mis fechorías,
alacrán en tu huracán, escort de tus pendencias y consumidor sumiso.
Hay una runa en mi bruma con las llagas que me hice escamoteándote vodka.
Hay un rincón de estrellas que se veían desde tu sótano,
una puta constelación de algoritmos con el estilo de tu puto trazo,
el puto trazo de tus putos cuadros, de tu universo de ojos y de peces muertos,
el puto verso libre que anestesió mis sentidos,
borrachos de oleo y carbón, misturas y aleaciones a milquinientosputosgrados,
manchados de residuos y sudor, cínicamente muertos.
Escucho al fondo los Cure, y te veo con tus dedos manchados de acrílico y vino,
y parece que te veo salir de abajo tarareando un tema que nunca supiste entonar
con los brazos abiertos a todo lo que pudiera ocurrir
la certeza del paraíso libertario allende tu cerradura,
la que usábamos sin rubor ni delicadencia,
parásitos hambrientos en busca de calor y norte.
Y nos disteis calor y licor, amor y pan, vino y hogar, arrojo y encaje.
Os debo lo que me llevé para plantar en mi huerto de intentos e ideales,
la ceniza que solo soy es la hierba que notasteis que faltaba y nunca reclamasteis.
Balanceé mi equilibrio tantas veces en las escaleras de tu sótano
que puedo volar y hablar en mil idiomas sin abrir la boca.
Y hay lo que vino de lo que hubo
como un hierbajo muy verde pero muy inútil
que sostiene el halo de sombra que parezco.
Tengo control porque en mi llavero
tuve la llave de tu casa que me sostuvo
de mi balanceo en el abismo.
A veces, cosas rotas, siguen brillando
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