Julius 12
Poeta que considera el portal su segunda casa
A partir del alba los doloridos
pies clausuran su pesar.
Luces de sangre vierten próvida
frescura a la hilera de canteros,
el mundo nocturno ha expurgado
rumores agobiando el orden de
la fronda.
El vigilante del sendero gira
un poco su cabeza y un ataque de
tos repercute en su cuerpo.
En el Andén el tren emprende la
osada partida cuando el amanecer
niega perfumes a la floresta y él
juega sus pasos con desdoblados
pensamientos que indagan el
arroyo de besos prodigados durante
piruetas solitarias que pulieron noches.
La brisa sorprende sus cabellos,
lo mismo ella que se perfila sonriente.
La mujer de sonrisa perfecta ya está
a su lado. La tos se olvida y el sendero
de dispone a recibir el gesto de ambas
manos...
pies clausuran su pesar.
Luces de sangre vierten próvida
frescura a la hilera de canteros,
el mundo nocturno ha expurgado
rumores agobiando el orden de
la fronda.
El vigilante del sendero gira
un poco su cabeza y un ataque de
tos repercute en su cuerpo.
En el Andén el tren emprende la
osada partida cuando el amanecer
niega perfumes a la floresta y él
juega sus pasos con desdoblados
pensamientos que indagan el
arroyo de besos prodigados durante
piruetas solitarias que pulieron noches.
La brisa sorprende sus cabellos,
lo mismo ella que se perfila sonriente.
La mujer de sonrisa perfecta ya está
a su lado. La tos se olvida y el sendero
de dispone a recibir el gesto de ambas
manos...
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