Carlos Aristy
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tomando un café.
Aquella mujer de incierta edad
que con su mirada me clavara en la pared de ladrillos,
mientras yo me tomaba un café una mañana.
Aquella mujer de mirada inquisitiva,
buscadora inagotable de lo oculto en mí
Yo le devolví la mirada a través del humo de mi café;
me detuve en sus negros ojos,
queriendo descubrir lo que ella miraba;
recorrí su torso con sus pechitos
de niña incipiente y felizmente visualicé
la curvatura de sus nalgas,
y los muslos duros de su madurez bien cuidada.
El negro pelo de exquisitas cadenas
para la tortura de una noche infinita,
y unos labios como hermosos higos,
para morder sin piedad en besos desparramados
hasta el amanecer de otra mañana,
cuando el humo de mi café desaparezca.
Aquella mujer de incierta edad
que con su mirada me clavara en la pared de ladrillos,
mientras yo me tomaba un café una mañana.
Aquella mujer de mirada inquisitiva,
buscadora inagotable de lo oculto en mí
Yo le devolví la mirada a través del humo de mi café;
me detuve en sus negros ojos,
queriendo descubrir lo que ella miraba;
recorrí su torso con sus pechitos
de niña incipiente y felizmente visualicé
la curvatura de sus nalgas,
y los muslos duros de su madurez bien cuidada.
El negro pelo de exquisitas cadenas
para la tortura de una noche infinita,
y unos labios como hermosos higos,
para morder sin piedad en besos desparramados
hasta el amanecer de otra mañana,
cuando el humo de mi café desaparezca.