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Tomó mi mano y juró venganza XIX

cesarfco.cd

Poeta que no puede vivir sin el portal
Ante la escena imperante en la sala, mis hombres empezaban a acusar el exceso de adrenalina a la vez que yo juraba que no podría encausar la mía adecuadamente.
Nos preparamos ante la puerta metálica que debíamos franquear. Apenas hicimos contacto con ella y en medio de un gran estruendo voló de sus goznes , cayendo hacia nosotros. Aparecieron gatilleros disparando disciplinadamente hacia nuestros parapetos. Hicimos que se replegaran. Ahora éramos los defensores de una posición y no los asaltantes.
Contrario a ocasiones anteriores los gatilleros no se estaban replegando, sino que fortificaban su posición con la ayuda de más elementos.
Seríamos barridos de nuestra posición entre una oleada y otra. Los gatilleros narcotizados y suicidas no retroceden. Una vez elevados hasta el frenesí de su fantasía pueden seguir avanzando aún después de ser seriamente heridos.
Ahora solo éramos doce soldados, cuatro estaban heridos y a resguardo de un quinto, otro más estaba custodiando a dos presuntos narcotraficantes apresados.
Hice la señal de detener los disparos. Ahora mi prioridad era sacar con vida a mis elementos de aquel problema.
No podíamos retroceder, puesto que nuestras ordenes eran claras. Así que avanzamos hacia la puerta. Apareció un arma disparando, quien la manejaba no tendría más de 18 años, pero ahora eso no importaba, fue blanco de seis a ocho ráfagas de nuestras armas. El jovenzuelo cayó hacia delante con los ojos en blanco. Nos pusimos de pié y pasamos por el claro de la puerta para encontrar a dos mozuelos más que blandían sus armas. Estaban tan asustados que las dejaron caer.
Después de maniatarlos los dejamos.
-[FONT=&quot] Ya no podemos dejar más hombres para cuidar a drogados sargento.
Miré a mis hombres y asentí en silencio. Me dirigí a los jóvenes:
-[FONT=&quot] Si se mueven de aquí, morirán. Su única salida es que esto termine cuanto antes. ¿Cuántos gatilleros trajeron?
Ante su silencio uno de mis hombres cortó cartucho amenazadoramente. La respuesta nos dejó perplejos:
-[FONT=&quot] Todos, venimos todos.
Los dejamos amordazados, atados de pies y manos a la vez que parapetados.


©®Todos los derechos reservados bajo el nombre de Jorge de Córdoba, Barak ben Asís, Cesarfco.cd
 
Ante la escena imperante en la sala, mis hombres empezaban a acusar el exceso de adrenalina a la vez que yo juraba que no podría encausar la mía adecuadamente.
Nos preparamos ante la puerta metálica que debíamos franquear. Apenas hicimos contacto con ella y en medio de un gran estruendo voló de sus goznes , cayendo hacia nosotros. Aparecieron gatilleros disparando disciplinadamente hacia nuestros parapetos. Hicimos que se replegaran. Ahora éramos los defensores de una posición y no los asaltantes.
Contrario a ocasiones anteriores los gatilleros no se estaban replegando, sino que fortificaban su posición con la ayuda de más elementos.
Seríamos barridos de nuestra posición entre una oleada y otra. Los gatilleros narcotizados y suicidas no retroceden. Una vez elevados hasta el frenesí de su fantasía pueden seguir avanzando aún después de ser seriamente heridos.
Ahora solo éramos doce soldados, cuatro estaban heridos y a resguardo de un quinto, otro más estaba custodiando a dos presuntos narcotraficantes apresados.
Hice la señal de detener los disparos. Ahora mi prioridad era sacar con vida a mis elementos de aquel problema.
No podíamos retroceder, puesto que nuestras ordenes eran claras. Así que avanzamos hacia la puerta. Apareció un arma disparando, quien la manejaba no tendría más de 18 años, pero ahora eso no importaba, fue blanco de seis a ocho ráfagas de nuestras armas. El jovenzuelo cayó hacia delante con los ojos en blanco. Nos pusimos de pié y pasamos por el claro de la puerta para encontrar a dos mozuelos más que blandían sus armas. Estaban tan asustados que las dejaron caer.
Después de maniatarlos los dejamos.
-[FONT=&quot] Ya no podemos dejar más hombres para cuidar a drogados sargento.
Miré a mis hombres y asentí en silencio. Me dirigí a los jóvenes:
-[FONT=&quot] Si se mueven de aquí, morirán. Su única salida es que esto termine cuanto antes. ¿Cuántos gatilleros trajeron?
Ante su silencio uno de mis hombres cortó cartucho amenazadoramente. La respuesta nos dejó perplejos:
-[FONT=&quot] Todos, venimos todos.
Los dejamos amordazados, atados de pies y manos a la vez que parapetados.


©®Todos los derechos reservados bajo el nombre de Jorge de Córdoba, Barak ben Asís, Cesarfco.cd

Impresionante, pobres jóvenes. Mal de la sociedad que esten en esos lance...
un abrazo
 
Vaya relato; impresionante ... Gracias Poeta por tanta adrenalina en esta historia llena de vicios y mucha lucha interna; un placer leeros, saludos a la distancia!!!
 

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