Ya no temo que una mano venga
a darme el toque de queda,
mano camuflada
que quiera detenerme ;
mano que venga a ocultarme,
mano que tema lo que tengo;
con sus pezuñas amenazantes
para no dejarme a salvo,
aunque venga cargada
con gas lacrimogeno
o garrote de hierro
guardando la noche
y sus sueños negros.
Aun sometido al acero
o arrojado sobre el polvo,
aunque venga llena de un puñado de nada
y me lo tire a los ojos;
con sus dedos de momia
y su cuenca de entierro
aunque asista con su tóxico
para alimentar al engendro.
Ya no temo que una mano vuelva
a darme el toque de queda,
a forzar fuerte para que pierda el tacto,
a cercar la calle,a incendiar los campos,
aunque se levante en alto de pronto
para estallar la estrella
o tirotear a los astros;
siempre quedara algo
que no pueda atrapar su zarpa,
siempre se le esfumara el aire,
aunque venga con cien mil puñales ,
aunque encadene a todas las manos
que agitan su almohada
guardando la noche
y sus sueños negros.
...
a darme el toque de queda,
mano camuflada
que quiera detenerme ;
mano que venga a ocultarme,
mano que tema lo que tengo;
con sus pezuñas amenazantes
para no dejarme a salvo,
aunque venga cargada
con gas lacrimogeno
o garrote de hierro
guardando la noche
y sus sueños negros.
Aun sometido al acero
o arrojado sobre el polvo,
aunque venga llena de un puñado de nada
y me lo tire a los ojos;
con sus dedos de momia
y su cuenca de entierro
aunque asista con su tóxico
para alimentar al engendro.
Ya no temo que una mano vuelva
a darme el toque de queda,
a forzar fuerte para que pierda el tacto,
a cercar la calle,a incendiar los campos,
aunque se levante en alto de pronto
para estallar la estrella
o tirotear a los astros;
siempre quedara algo
que no pueda atrapar su zarpa,
siempre se le esfumara el aire,
aunque venga con cien mil puñales ,
aunque encadene a todas las manos
que agitan su almohada
guardando la noche
y sus sueños negros.
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