Julius 12
Poeta que considera el portal su segunda casa
En los días que siguieron a los vaivenes del rocío,
ceñidos copos desechos en pétalos de nieve,
sucumbieron en el río tumultuoso de antiguas
simientes hilvanados desconciertos, escarneciendo
a hendidas doncellas y taciturnas flores, por fin
desgranadas en los insensatos sonidos del sueño,
palpitantes al influjo de mundos deshabitados,
dispersas y rutilantes en las piedras en reposo,
que el sol transformó en diamantes de pies extendidos
y que en pletóricos torbellinos disecaron el amor más
puro y la amarilla sonrisa de la luna desovada que al recoger
el amor de las profundidades del olvido, prohijó tus pasos
para volver a ser la mujer que amo, para retornar a la pasión
de antaño cuando penetraba en la arcaica matriz de las noches
pasajeras, con el áspero brebaje de fríos presagios, hilvanados
en desechas emociones en lechos sosegados por las formas
dormidas y taciturnas como nuestros torsos heridos, como
nuestros rostros de simientes turbulentas y como el fuego
traidor de tu amada boca...
ceñidos copos desechos en pétalos de nieve,
sucumbieron en el río tumultuoso de antiguas
simientes hilvanados desconciertos, escarneciendo
a hendidas doncellas y taciturnas flores, por fin
desgranadas en los insensatos sonidos del sueño,
palpitantes al influjo de mundos deshabitados,
dispersas y rutilantes en las piedras en reposo,
que el sol transformó en diamantes de pies extendidos
y que en pletóricos torbellinos disecaron el amor más
puro y la amarilla sonrisa de la luna desovada que al recoger
el amor de las profundidades del olvido, prohijó tus pasos
para volver a ser la mujer que amo, para retornar a la pasión
de antaño cuando penetraba en la arcaica matriz de las noches
pasajeras, con el áspero brebaje de fríos presagios, hilvanados
en desechas emociones en lechos sosegados por las formas
dormidas y taciturnas como nuestros torsos heridos, como
nuestros rostros de simientes turbulentas y como el fuego
traidor de tu amada boca...
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