Steppenwolf
Poeta recién llegado
[center:3b237b4e12]Tormenta de verano
I
¡Ah!, deliciosa tormenta de estío
que me tomaste al asalto, pronto cautivo,
sorprendiéndome en la deriva
a la que me entregó el hastío,
en un dejarse ir de la vida
con dirección de único sentido.
Tú, que inviertes el mandato divino
alegrando a los lobos con tu hechizo.
Donde hubo luz ¡ahora tinieblas!
Relámpagos de un azul hiriente
queman el alma, la envuelven en brumas
y me convierten en tu fiel sirviente.
Impaciente espero, el rostro alzado,
hasta ver sobre mí tu franca sonrisa,
al ofrecer al mortal tu don más preciado.
Esas cálidas lágrimas que dan la vida
acarician mis mejillas con invisibles dedos,
deslizándose hasta besar el cuello.
II
Tus negros encajes se mueven con la elegancia
de quien se sabe hermosa y furtiva,
como sólo tú sabes serlo, hechicera,
dama altiva, hija de un dios primigenio
y de la mar bravía. ¡Oh!, cruel sirena:
¡descarga tu furia en mi pecho!
De finos cristales has cubierto la tierra;
cálido frescor, dulce y sin embargo siniestra,
bruja que vuelves fértil lo yermo,
alumbrando una esperanza de vida
hasta en el corazón más pétreo.
A tus pies esbozo una leve sonrisa.
Mas todo en este reino es efímero
-tal como la vida, al fin y al cabo-
y los sueños son sólo eso: sueños.
El opaco manto se rasga y abre un claro
que difumina tu rostro. Te vas triste y bella
dejándome esa fragancia que me atormenta.[/center:3b237b4e12]
I
¡Ah!, deliciosa tormenta de estío
que me tomaste al asalto, pronto cautivo,
sorprendiéndome en la deriva
a la que me entregó el hastío,
en un dejarse ir de la vida
con dirección de único sentido.
Tú, que inviertes el mandato divino
alegrando a los lobos con tu hechizo.
Donde hubo luz ¡ahora tinieblas!
Relámpagos de un azul hiriente
queman el alma, la envuelven en brumas
y me convierten en tu fiel sirviente.
Impaciente espero, el rostro alzado,
hasta ver sobre mí tu franca sonrisa,
al ofrecer al mortal tu don más preciado.
Esas cálidas lágrimas que dan la vida
acarician mis mejillas con invisibles dedos,
deslizándose hasta besar el cuello.
II
Tus negros encajes se mueven con la elegancia
de quien se sabe hermosa y furtiva,
como sólo tú sabes serlo, hechicera,
dama altiva, hija de un dios primigenio
y de la mar bravía. ¡Oh!, cruel sirena:
¡descarga tu furia en mi pecho!
De finos cristales has cubierto la tierra;
cálido frescor, dulce y sin embargo siniestra,
bruja que vuelves fértil lo yermo,
alumbrando una esperanza de vida
hasta en el corazón más pétreo.
A tus pies esbozo una leve sonrisa.
Mas todo en este reino es efímero
-tal como la vida, al fin y al cabo-
y los sueños son sólo eso: sueños.
El opaco manto se rasga y abre un claro
que difumina tu rostro. Te vas triste y bella
dejándome esa fragancia que me atormenta.[/center:3b237b4e12]