Rafapuello
Poeta fiel al portal
El gris… ya lo anuncia,
el cielo encapotado está,
la centella como hija de la astucia
baja del firmamento inmolándose ya.
Hay humedad en el ambiente,
la lluvia se huele ya,
abrigándose, el sol pronto se mete
en invisible gruta… o se mojará.
Todo se esconde, nada permanece,
el viento nos regala su largo silbido,
y la hoja del árbol caída entonces…
se levanta acompañándolo como si fuera su amigo.
El cielo como si furioso estuviera
con rabia súbita pareciera despertar,
con sus truenos-gritos pereciese que dijera:
“como centellas… dardos de luz les voy a lanzar”.
El trueno se oye, su eco retumba,
las nubes amigas ahora amenazan lluvia,
por causa de la centella el cielo relumbra
y esto a la mujer asusta, sea morena o sea rubia.
Mientras esto sucede nada resplandece,
la gente en sus casas aseguran puertas, ventanas,
el tiempo pasa y lo claro oscurece
mientras aves y mariposas vuelan apuradas.
Agua, agua, mucha agua nos cae,
con fuerza y mucho viento del cielo se escapa,
y en su desbocado galopar nos trae
centellas, lluvia y viento con mucha alharaca.
El campo se alegra,
el campo se asusta,
el campo tiene vida, brota la tierra,
el campo tiene muerte, la tierra se inunda.
La tierra triste, alegre se vuelve,
lo marchito, en vida se transforma,
se opaca lo vivo, también lo reluciente
deteriorándose con esto toda buena obra.
En su relampagueante bostezar
oculta del cielo su bello fulgor,
dejando en nuestra mente el desear
que pase el tiempo y salga el sol.
Rafa Puello.
Barranquilla-Colombia.
el cielo encapotado está,
la centella como hija de la astucia
baja del firmamento inmolándose ya.
Hay humedad en el ambiente,
la lluvia se huele ya,
abrigándose, el sol pronto se mete
en invisible gruta… o se mojará.
Todo se esconde, nada permanece,
el viento nos regala su largo silbido,
y la hoja del árbol caída entonces…
se levanta acompañándolo como si fuera su amigo.
El cielo como si furioso estuviera
con rabia súbita pareciera despertar,
con sus truenos-gritos pereciese que dijera:
“como centellas… dardos de luz les voy a lanzar”.
El trueno se oye, su eco retumba,
las nubes amigas ahora amenazan lluvia,
por causa de la centella el cielo relumbra
y esto a la mujer asusta, sea morena o sea rubia.
Mientras esto sucede nada resplandece,
la gente en sus casas aseguran puertas, ventanas,
el tiempo pasa y lo claro oscurece
mientras aves y mariposas vuelan apuradas.
Agua, agua, mucha agua nos cae,
con fuerza y mucho viento del cielo se escapa,
y en su desbocado galopar nos trae
centellas, lluvia y viento con mucha alharaca.
El campo se alegra,
el campo se asusta,
el campo tiene vida, brota la tierra,
el campo tiene muerte, la tierra se inunda.
La tierra triste, alegre se vuelve,
lo marchito, en vida se transforma,
se opaca lo vivo, también lo reluciente
deteriorándose con esto toda buena obra.
En su relampagueante bostezar
oculta del cielo su bello fulgor,
dejando en nuestra mente el desear
que pase el tiempo y salga el sol.
Rafa Puello.
Barranquilla-Colombia.