Nada Vratovic
Poeta recién llegado
Dices diamantes
que brillan en tu lengua con todos los colores del mundo,
pero luego,
sobre mi piel,
en mi propia lengua,
saben a polvo porque no son más que cristales muertos.
Eres un espejismo,
retorcido en mi mente
por ilusiones patéticas.
Polvos de estrellas caídas a mis pies,
basura cósmica que yo, ingenuamente,
recogí y guardé tras mis costillas.
Y ahora me pudro.
Es la tortura de los necios
que atesoramos flores marchitas e insectos
como si fueran joyas.
Te atesoré a ti
en un cofre hecho con mis huesos,
te di de comer saliva y rosas vírgenes,
te mecí como el mar mece a los náufragos,
devoré tus pesadillas...
Y lo que recibí a cambio fueron
estos cristales que se deshacen tan fácilmente
porque en realidad sólo son las escamas de una quimera reseca.
Y me pregunto
si te divierte ver cómo,
aún así,
sigo apretando estos cristales contra mi pecho.
que brillan en tu lengua con todos los colores del mundo,
pero luego,
sobre mi piel,
en mi propia lengua,
saben a polvo porque no son más que cristales muertos.
Eres un espejismo,
retorcido en mi mente
por ilusiones patéticas.
Polvos de estrellas caídas a mis pies,
basura cósmica que yo, ingenuamente,
recogí y guardé tras mis costillas.
Y ahora me pudro.
Es la tortura de los necios
que atesoramos flores marchitas e insectos
como si fueran joyas.
Te atesoré a ti
en un cofre hecho con mis huesos,
te di de comer saliva y rosas vírgenes,
te mecí como el mar mece a los náufragos,
devoré tus pesadillas...
Y lo que recibí a cambio fueron
estos cristales que se deshacen tan fácilmente
porque en realidad sólo son las escamas de una quimera reseca.
Y me pregunto
si te divierte ver cómo,
aún así,
sigo apretando estos cristales contra mi pecho.