Darío Asunción
Poeta recién llegado
¡Tráemela!
Tierna luna que cobijas,
¿para dónde fue ella?
La que separa al viento de la lluvia,
al mar de los lagos.
La que separa sutilmente
la soledad y la vuelve compañía;
mi alma la confunde con las ganas,
ganas que confunden a mi alma.
¡Acaso mis ojos seducidos mintieron?
Luna, que has hecho de ella,
No sientes, -la necesito.
Dime que ha sido de ella
porque la soledad encarna
y revive aquella llama
que quisiera sepultar.
No atormentes la ilusión
con tu vacía indiferencia,
no me mates, no me la lleves.
¡Apiádate del sentir!
De este hombre.
¡-Apresúrate-, luna, tráemela !
Porque mentiría al decir:
la quiero, es la vida.
Es ella el pétalo perdido
de mi rosal de ensueños,
ella, la amada perdida
que sienta sus brazos
en el silencio;
la que llama de lejos
cuando está conmigo.
La que se pierde
sin haber llegado.
Tierna luna que cobijas,
¿para dónde fue ella?
La que separa al viento de la lluvia,
al mar de los lagos.
La que separa sutilmente
la soledad y la vuelve compañía;
mi alma la confunde con las ganas,
ganas que confunden a mi alma.
¡Acaso mis ojos seducidos mintieron?
Luna, que has hecho de ella,
No sientes, -la necesito.
Dime que ha sido de ella
porque la soledad encarna
y revive aquella llama
que quisiera sepultar.
No atormentes la ilusión
con tu vacía indiferencia,
no me mates, no me la lleves.
¡Apiádate del sentir!
De este hombre.
¡-Apresúrate-, luna, tráemela !
Porque mentiría al decir:
la quiero, es la vida.
Es ella el pétalo perdido
de mi rosal de ensueños,
ella, la amada perdida
que sienta sus brazos
en el silencio;
la que llama de lejos
cuando está conmigo.
La que se pierde
sin haber llegado.