Ana Laura Vega
Poeta recién llegado
Hoy mis pasos fueron ausentes,
no había árboles,
ni aves,
ni aquellas rosas blancas
que se quedan en mis pasos,
ni la constante turba del medio día,
tampoco había cansancio,
las montañas me parecieron más distantes,
y sus colores más enrarecidos.
Ni la charla apacible reconocí,
quizá algún atisbo de atención incierta.
Todo parecía ajeno a lo acostumbrado,
lo que en el pasado limité como “feliz”
ahora parecía lóbrego y nostálgico.
Mis pasos me mostraron
las exequias del amor.
Quizá el semblante de primavera
era la causa del desconsuelo.
Pues parecía sonreír,
mientras mis ojos se llenaron de llanto.
(2013)
no había árboles,
ni aves,
ni aquellas rosas blancas
que se quedan en mis pasos,
ni la constante turba del medio día,
tampoco había cansancio,
las montañas me parecieron más distantes,
y sus colores más enrarecidos.
Ni la charla apacible reconocí,
quizá algún atisbo de atención incierta.
Todo parecía ajeno a lo acostumbrado,
lo que en el pasado limité como “feliz”
ahora parecía lóbrego y nostálgico.
Mis pasos me mostraron
las exequias del amor.
Quizá el semblante de primavera
era la causa del desconsuelo.
Pues parecía sonreír,
mientras mis ojos se llenaron de llanto.
(2013)
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