cristobal monzon lemus
Poeta que considera el portal su segunda casa
TRANSICION
Por el día de los muertos
Las miradas frías de asombro,
se congelaron con el frío,
vagando tristezas.
Era un rito familiar de exhumación,
de huesos hecho polvo,
el cadáver ya no quiso, por viejos.
El antiguo cayuco, su último refugio
de madera, entre tumbos de tierra
suelta y jirones de mortaja oscura,
con fuerte olor a mar muerto.
Tumbaron la tumba de ladrillo rojo,
con el pico de pájaro de hierro.
Los presentes, abrimos los ojos, como
agujero donde estaba el muerto,
desterrado de la vida.
De todo el esqueleto, solo la calavera
estaba viva, de su mirada triangular,
sus cuencas vacías: entendimos
el mensaje.
Todo era silencio en el cementerio,
en sus nichos, los demás muertos
se hacían los dormidos, diciendo adiós,
a su antiguo amigo, mudándose a otro
domicilio.
Nos retiramos todos con la frente
cabizbajos, después de aquella ceremonia,
pensando muy en serio, lo que somos
y lo que nos espera.
respiro luego escribo.
Por el día de los muertos
Las miradas frías de asombro,
se congelaron con el frío,
vagando tristezas.
Era un rito familiar de exhumación,
de huesos hecho polvo,
el cadáver ya no quiso, por viejos.
El antiguo cayuco, su último refugio
de madera, entre tumbos de tierra
suelta y jirones de mortaja oscura,
con fuerte olor a mar muerto.
Tumbaron la tumba de ladrillo rojo,
con el pico de pájaro de hierro.
Los presentes, abrimos los ojos, como
agujero donde estaba el muerto,
desterrado de la vida.
De todo el esqueleto, solo la calavera
estaba viva, de su mirada triangular,
sus cuencas vacías: entendimos
el mensaje.
Todo era silencio en el cementerio,
en sus nichos, los demás muertos
se hacían los dormidos, diciendo adiós,
a su antiguo amigo, mudándose a otro
domicilio.
Nos retiramos todos con la frente
cabizbajos, después de aquella ceremonia,
pensando muy en serio, lo que somos
y lo que nos espera.
respiro luego escribo.