Del imprevisto encuentro de la impaciente ola
con el semáforo que irradia los colores primerizos
surgió esta mi nueva cabeza
horadada de presagios y murmullos de caracolas.
Tallada en arenisca y áspera piedra pómez
sus cuévanos aún transpiran los perfumes frutales de la noche
y ofrecen salvíficos refugios a los asesinos en fuga
brillando en sus fondos el misterio y la canción.
No es paseo sino huída cuando mi apomazada cabeza nueva
incrédula de sus brillos relee en los paneles dorados de palacio
las amenazas que pronto serán esposas silenciadas por la ira
mientras en los parques florecidos cauta la luna se esconde.
Se fragmentan como catedrales olvidadas
los vitrales jubilosos que caen sobre las cabezas pobladas
de cinamomos y trigales dorados que orgullosos
exhiben los viajeros en la estación abandonada por el tiempo.
Los vientos alisios tejen con cálida parsimonia
las facciones que mansas aparecen en la roca que es mi rostro
la historia desaparece y en su lugar anidan las salamandras
yo me refugio en el más pequeño de los huecos que me horadan.
Oh los cálices siempre los cálices oferentes de promesas
el viento también ondula mi poblada cabellera de centenos y cebadas
erguidas como lanzas que alimentarán el despliegue de los muertos
silenciosos muertos que todavía no exhalaron su último suspiro.
Quiero cantar las endechas que siempre canté al amor
pero mi arenisca salvaje y áspera corroe los sonidos
mi lengua es áspera también como de rinoceronte o cauce de río
quiero cantar endechas y sólo acierto con canciones de borracho.
Ay de los nuevos pigmaliones que apenas alcanzan ningún fruto
ni modulan las genesíacas formas femeninas
ignorando el secreto de la canción medieval que las esculpe
morenas formas que desprecian los jades iluminados de la tarde…
con el semáforo que irradia los colores primerizos
surgió esta mi nueva cabeza
horadada de presagios y murmullos de caracolas.
Tallada en arenisca y áspera piedra pómez
sus cuévanos aún transpiran los perfumes frutales de la noche
y ofrecen salvíficos refugios a los asesinos en fuga
brillando en sus fondos el misterio y la canción.
No es paseo sino huída cuando mi apomazada cabeza nueva
incrédula de sus brillos relee en los paneles dorados de palacio
las amenazas que pronto serán esposas silenciadas por la ira
mientras en los parques florecidos cauta la luna se esconde.
Se fragmentan como catedrales olvidadas
los vitrales jubilosos que caen sobre las cabezas pobladas
de cinamomos y trigales dorados que orgullosos
exhiben los viajeros en la estación abandonada por el tiempo.
Los vientos alisios tejen con cálida parsimonia
las facciones que mansas aparecen en la roca que es mi rostro
la historia desaparece y en su lugar anidan las salamandras
yo me refugio en el más pequeño de los huecos que me horadan.
Oh los cálices siempre los cálices oferentes de promesas
el viento también ondula mi poblada cabellera de centenos y cebadas
erguidas como lanzas que alimentarán el despliegue de los muertos
silenciosos muertos que todavía no exhalaron su último suspiro.
Quiero cantar las endechas que siempre canté al amor
pero mi arenisca salvaje y áspera corroe los sonidos
mi lengua es áspera también como de rinoceronte o cauce de río
quiero cantar endechas y sólo acierto con canciones de borracho.
Ay de los nuevos pigmaliones que apenas alcanzan ningún fruto
ni modulan las genesíacas formas femeninas
ignorando el secreto de la canción medieval que las esculpe
morenas formas que desprecian los jades iluminados de la tarde…
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