La veo, toda vez que la recorro
con mi mirada, mas allá de las fronteras
que el hombre puede ver, yo voy al fondo
de los temblores de su voz y sus cadencias.
con mi mirada, mas allá de las fronteras
que el hombre puede ver, yo voy al fondo
de los temblores de su voz y sus cadencias.
Yo coqueteo, cada vez que veo sus ojos
con las secretas y sutiles transparencias
que se agitan al verme, y un sonrojo
me anuncia, en su seño de oro y perlas.
con las secretas y sutiles transparencias
que se agitan al verme, y un sonrojo
me anuncia, en su seño de oro y perlas.
La deseo, y es mi cerebro todo
una máquina de pensar en poseerla.
no en el cuerpo, no en el cuerpo solo...
sino hasta en el mínimo rincón de su inconciencia.
una máquina de pensar en poseerla.
no en el cuerpo, no en el cuerpo solo...
sino hasta en el mínimo rincón de su inconciencia.
Marino Fabianesi
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