ALYA
Poeta fiel al portal
Un campesino gastado al sol,
Machete al hombro
Que no le sirve para cortar sus penas
En su macuto lleva inventario de su miseria
Lo que posee: hambre y tristeza
Exprime en su cachimbo
La última gota de esperanza,
para engañar el hambre
Entre sus manos lleva los surcos clavados de la tierra,
que es y no es su tierra
El la acaricia, él la enamora con su olalá,
de mañanita, ella se abre a sus caricias,
enamorada recibe el grano que ha de parir y fructifica,
pero él sabe que esa tierra, princesa fresca, tiene otro dueño,
el que la explota, más no la ama.
Y pareciera que esta historia ya se contó,
pero no, yace guardada, nadie recuerda
Que desde siempre el sudor del campesino preña la tierra,
madre de alquiler, de tantos que se enriquecen a su costa
Pero ya al triste campesino no le quedan cantos de cortejo,
y la tierra perece estéril, y en el lugar que fue de sus hijos,
emergen gigantes y robots.
Machete al hombro
Que no le sirve para cortar sus penas
En su macuto lleva inventario de su miseria
Lo que posee: hambre y tristeza
Exprime en su cachimbo
La última gota de esperanza,
para engañar el hambre
Entre sus manos lleva los surcos clavados de la tierra,
que es y no es su tierra
El la acaricia, él la enamora con su olalá,
de mañanita, ella se abre a sus caricias,
enamorada recibe el grano que ha de parir y fructifica,
pero él sabe que esa tierra, princesa fresca, tiene otro dueño,
el que la explota, más no la ama.
Y pareciera que esta historia ya se contó,
pero no, yace guardada, nadie recuerda
Que desde siempre el sudor del campesino preña la tierra,
madre de alquiler, de tantos que se enriquecen a su costa
Pero ya al triste campesino no le quedan cantos de cortejo,
y la tierra perece estéril, y en el lugar que fue de sus hijos,
emergen gigantes y robots.
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