lomafresquita
Poeta que no puede vivir sin el portal
Se ralentiza la tarde en su calma efímera, mientras la sombra de la noche avanza con suavidad... Trinos de avecillas perforan con su canto el cielo cobrizo del ocaso, mientras una mujer, contempla a lo lejos, ese espectáculo único e irrepetible. Ella permanece un instante más allí, dónde todo se torna día y noche, en simbiosis con un tiempo disecado, que aún así, no deja de prestar su luz.
Sola con su soledad, se resiste a irse a otro lugar. Cada tarde su cita con la sombra adquiere nuevo valor. Cada momento la acerca invariablemente a ese beso, que aún sin recibirlo, ya le aprieta el pecho y le ensancha las venas.
Una mujer, nada más, sentada en la plaza y orillada en el silencio de una noche sin tarde, de una tarde sin noche...
Y llega un nuevo día con música en las manos, y un corro de estrellas besa la frente femenina... El Universo cerrado se abre con relámpagos de arena, insuflando aliento a sus mejillas, y el beso que la sombra le deja, emprende su vuelo a otra tierra, a otro mar, a otra esfera... guiando a la mujer que espera.
Sola con su soledad, se resiste a irse a otro lugar. Cada tarde su cita con la sombra adquiere nuevo valor. Cada momento la acerca invariablemente a ese beso, que aún sin recibirlo, ya le aprieta el pecho y le ensancha las venas.
Una mujer, nada más, sentada en la plaza y orillada en el silencio de una noche sin tarde, de una tarde sin noche...
Y llega un nuevo día con música en las manos, y un corro de estrellas besa la frente femenina... El Universo cerrado se abre con relámpagos de arena, insuflando aliento a sus mejillas, y el beso que la sombra le deja, emprende su vuelo a otra tierra, a otro mar, a otra esfera... guiando a la mujer que espera.