iadra
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hay una puerta
entreabierta.
Invitación a saciar
la curiosidad,
esa siniestra
y morbosa,
pues corre sangre
y la luz está parpadeante.
Se acerca
y puede ver
la manija rota.
Un pie al fondo
sugiriendo un cuerpo inerte
tirado sobre la alfombra.
Se oyen voces, gritos.
Una gutural imitación
de algún rezo.
Se detiene a escuchar,
en un latín ahogado
se eleva la voz
hasta gritar.
Sale aterrado,
abandonando el lugar.
Hay una puerta,
y detrás, un cuerpo.
Encima del cuerpo un demonio
devorando su merecido bocado.
entreabierta.
Invitación a saciar
la curiosidad,
esa siniestra
y morbosa,
pues corre sangre
y la luz está parpadeante.
Se acerca
y puede ver
la manija rota.
Un pie al fondo
sugiriendo un cuerpo inerte
tirado sobre la alfombra.
Se oyen voces, gritos.
Una gutural imitación
de algún rezo.
Se detiene a escuchar,
en un latín ahogado
se eleva la voz
hasta gritar.
Sale aterrado,
abandonando el lugar.
Hay una puerta,
y detrás, un cuerpo.
Encima del cuerpo un demonio
devorando su merecido bocado.