Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Juntemos los pedazos que quedan
y tratemos de reconstruir este campo de guerra,
trae la escoba y limpiemos los cristales rotos
para evitar heridas abiertas en los ojos.
Cada uno es un espejo de doble cara,
un mal molino derribado por el viento,
a veces temo que sea cierto
eso de que lloramos por nada.
El traje de etiqueta que planchaste en la mañana
tiene las marcas de tus lágrimas
y la manga izquierda agujereada
de tanto que discutimos.
Ni bien nos saludamos y el hola es hasta luego,
mi ombligo aún carga algo del hilo
con el que jugué de sastre
intentando unir los pedazos del corazón.
Nunca fui pastor que recogiera su rebaño,
imagíname tratando de hacer algo bien,
yo me quedo con el papel de Judas
me va con los años tirar las monedas y echar a correr.
Cada uno es un espejo de doble cara,
con la notoria diferencia de que no curamos los cristales,
en cambio, tiramos los huesos al perro
y continuamos con los pedazos iguales.
La temperatura cambió de amor hirviendo
a silencio sepulcral congelado,
la última maratón en la que llegamos de primeros
fue en la de no aceptar ninguno la culpa
de este trauma mal tratado.
y tratemos de reconstruir este campo de guerra,
trae la escoba y limpiemos los cristales rotos
para evitar heridas abiertas en los ojos.
Cada uno es un espejo de doble cara,
un mal molino derribado por el viento,
a veces temo que sea cierto
eso de que lloramos por nada.
El traje de etiqueta que planchaste en la mañana
tiene las marcas de tus lágrimas
y la manga izquierda agujereada
de tanto que discutimos.
Ni bien nos saludamos y el hola es hasta luego,
mi ombligo aún carga algo del hilo
con el que jugué de sastre
intentando unir los pedazos del corazón.
Nunca fui pastor que recogiera su rebaño,
imagíname tratando de hacer algo bien,
yo me quedo con el papel de Judas
me va con los años tirar las monedas y echar a correr.
Cada uno es un espejo de doble cara,
con la notoria diferencia de que no curamos los cristales,
en cambio, tiramos los huesos al perro
y continuamos con los pedazos iguales.
La temperatura cambió de amor hirviendo
a silencio sepulcral congelado,
la última maratón en la que llegamos de primeros
fue en la de no aceptar ninguno la culpa
de este trauma mal tratado.