Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
15.
Es un irse a cualquier parte sin desear volver.
Un vanagloriarse sobre la senectud de los viejos.
Un armarse para la batalla contra nadie, contra nada.
Un exilarse hacia patios desventurados y sueltos.
Un amodorrarse de quien sabe cuantas cifras.
Hacia el lugar donde vamos
sólo podrá atajarnos la soledad.
16.
Llego a vicios solitarios
a lugares destapados, ajenos, sombríos, sin nadie.
Me voy.
Otro murciélago rasga la tarde
y enmohece las nubes.
En la luz se encienden granos,
en interiores de otros lujuriosos parpadeos.
Con ambarinas lascivias me presento
altivo, sin retornos.
Adentro vivo ardiendo.
Un espejo roto me traslada
a sitios menos salvajes,
auras amarillas rodeánme absortas.
17.
Imborrable el secreto del aljibe
donde humecta la soledad.
Ya escindido, estragado el cuerpo,
deduce la cólera diaria su martirio.
Orillas de luz equívoca,
en sus bordes gimen desesperanzas;
grávido aletear en un cielo inverso
sobre los mares del pútrido tiempo.
Mas allá el irrestricto semen
en llamas azules devora la entraña.
En el callado aljibe el agua,
aroma siniestro de mórbidos pájaros.
Es un irse a cualquier parte sin desear volver.
Un vanagloriarse sobre la senectud de los viejos.
Un armarse para la batalla contra nadie, contra nada.
Un exilarse hacia patios desventurados y sueltos.
Un amodorrarse de quien sabe cuantas cifras.
Hacia el lugar donde vamos
sólo podrá atajarnos la soledad.
16.
Llego a vicios solitarios
a lugares destapados, ajenos, sombríos, sin nadie.
Me voy.
Otro murciélago rasga la tarde
y enmohece las nubes.
En la luz se encienden granos,
en interiores de otros lujuriosos parpadeos.
Con ambarinas lascivias me presento
altivo, sin retornos.
Adentro vivo ardiendo.
Un espejo roto me traslada
a sitios menos salvajes,
auras amarillas rodeánme absortas.
17.
Imborrable el secreto del aljibe
donde humecta la soledad.
Ya escindido, estragado el cuerpo,
deduce la cólera diaria su martirio.
Orillas de luz equívoca,
en sus bordes gimen desesperanzas;
grávido aletear en un cielo inverso
sobre los mares del pútrido tiempo.
Mas allá el irrestricto semen
en llamas azules devora la entraña.
En el callado aljibe el agua,
aroma siniestro de mórbidos pájaros.
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