cuatrolíneas
Poeta recién llegado
Fuego, garras al aire rasgan la tierra infértil,
el sol golpea la cara de un mendigo que le cuelgan los brazos rotos
y sus pasos se marcan en la arena de un desierto de asfalto caído del cielo,
contando cada paso, su mirada se fija en la diosa Atenea,
besa su vientre, se queman sus ojos.
¡La mar de la vida se ha llevado un nuevo trofeo!
Tiembla la tierra, se resbala la arena, se seca la única planta de un jardín,
se incendia la única hija
del único pastor,
del único pueblo,
del único mundo que pude explorar,
se quema lentamente...
Caras pintadas de negro y el blues azul de los que hoy están viejos
se encarga de borrar los nuevos pensamientos suicidas de cada uno
de los que no aprovecharon los viejos vientos.
Es por eso que aprendimos a escribir con las manos,
porque son las únicas que no pueden tocar el alma,
pero sí retratarla.
Siento que cada día desconozco más a los mendigos,
hermano mío, una limosna quiero,
hermano mío, desnuda a tu mujer,
quiero tenerla esta noche,
y tocar sus suaves pechos,
dibujar mi alma en uno de ellos
y abandonarla lo más rápido que pueda,
¡Soy un mendigo indigno!
Sé que aprendí de el mejor.
el sol golpea la cara de un mendigo que le cuelgan los brazos rotos
y sus pasos se marcan en la arena de un desierto de asfalto caído del cielo,
contando cada paso, su mirada se fija en la diosa Atenea,
besa su vientre, se queman sus ojos.
¡La mar de la vida se ha llevado un nuevo trofeo!
Tiembla la tierra, se resbala la arena, se seca la única planta de un jardín,
se incendia la única hija
del único pastor,
del único pueblo,
del único mundo que pude explorar,
se quema lentamente...
Caras pintadas de negro y el blues azul de los que hoy están viejos
se encarga de borrar los nuevos pensamientos suicidas de cada uno
de los que no aprovecharon los viejos vientos.
Es por eso que aprendimos a escribir con las manos,
porque son las únicas que no pueden tocar el alma,
pero sí retratarla.
Siento que cada día desconozco más a los mendigos,
hermano mío, una limosna quiero,
hermano mío, desnuda a tu mujer,
quiero tenerla esta noche,
y tocar sus suaves pechos,
dibujar mi alma en uno de ellos
y abandonarla lo más rápido que pueda,
¡Soy un mendigo indigno!
Sé que aprendí de el mejor.
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