Alas de marioneta
Poeta asiduo al portal
Cuando me pongo a recordar y te recuerdo
quiero recordar tu sonrisa cuando me invitaste a un café,
al sol de aquella terraza, en la terraza de un bar de pueblo,
tú con tu 'no sé lo que quiero'. Yo con mi 'mañana llámame'.
Quiero recordar que dicen que ya era invierno,
para tí, sudadera de lana. Para mí, camiseta sin poner,
cortando las ramas secas de unos olivos llenos de viento,
tú con el aire en la cara, yo de espaldas al tiempo aprendiendo a aprender.
Te escuché cada palabra, lamenté ser solo eso,
solo un hombre maduro con casa ofreciéndote amanecer
sin rozar tu piel vestida cuando el sol reflejaba el espejo,
sin besar tus labios de niña envueltos de cuerpo de mujer.
Pasó el tiempo. Te fuiste. Creo que te eché de menos,
que algunas tardes estuve triste, que algunas mañanas empezó a llover,
que de vez en cuando quemaba ramas sin encender el fuego,
que algunas veces, no sé cuánto, pero te empecé a querer.
Y volviste en primavera, todo había cambiado, incluso mi pelo,
quedamos, como no, de nuevo para tomarnos un café
y de nuevo empezó el principio. Otra casa, un mundo nuevo,
con el mismo respeto al mirarte, hasta que un día sentí tu piel
sobre la alfombra dormida, frente al despertar de los truenos,
con mis manos siempre vacías, llenándose de tí sin querer.
Y te quise, pasaron tres días. Una promesa y un almuerzo,
un paseo con dos amigos, dos miradas como de no comprender
tu sonrisa no finita, tus pasos agitando el suelo,
la alegría en tus pupilas, tu cara de color brillo amanecer.
Tu mano sumergida en la mía, dos sillas juntas, de pronto un beso,
unos meses después un hasta luego y un febrero vestido de 'no sé si volver'.
Algunos mensajes confusos, la confusión de haber soñado un sueño,
en una casa de lata por encima de las nubes donde ahora veo llover
y le pido al dios de la tormenta que no me vuelva a escupir un trueno
hasta que mis noches sean luna llena, aunque tú no quieras volver.
Hasta que mis mañanas sean de café dulce, aunque no vivas mi invierno,
hasta que mis domingos sigan siendo dormidos después de ver amanecer.
quiero recordar tu sonrisa cuando me invitaste a un café,
al sol de aquella terraza, en la terraza de un bar de pueblo,
tú con tu 'no sé lo que quiero'. Yo con mi 'mañana llámame'.
Quiero recordar que dicen que ya era invierno,
para tí, sudadera de lana. Para mí, camiseta sin poner,
cortando las ramas secas de unos olivos llenos de viento,
tú con el aire en la cara, yo de espaldas al tiempo aprendiendo a aprender.
Te escuché cada palabra, lamenté ser solo eso,
solo un hombre maduro con casa ofreciéndote amanecer
sin rozar tu piel vestida cuando el sol reflejaba el espejo,
sin besar tus labios de niña envueltos de cuerpo de mujer.
Pasó el tiempo. Te fuiste. Creo que te eché de menos,
que algunas tardes estuve triste, que algunas mañanas empezó a llover,
que de vez en cuando quemaba ramas sin encender el fuego,
que algunas veces, no sé cuánto, pero te empecé a querer.
Y volviste en primavera, todo había cambiado, incluso mi pelo,
quedamos, como no, de nuevo para tomarnos un café
y de nuevo empezó el principio. Otra casa, un mundo nuevo,
con el mismo respeto al mirarte, hasta que un día sentí tu piel
sobre la alfombra dormida, frente al despertar de los truenos,
con mis manos siempre vacías, llenándose de tí sin querer.
Y te quise, pasaron tres días. Una promesa y un almuerzo,
un paseo con dos amigos, dos miradas como de no comprender
tu sonrisa no finita, tus pasos agitando el suelo,
la alegría en tus pupilas, tu cara de color brillo amanecer.
Tu mano sumergida en la mía, dos sillas juntas, de pronto un beso,
unos meses después un hasta luego y un febrero vestido de 'no sé si volver'.
Algunos mensajes confusos, la confusión de haber soñado un sueño,
en una casa de lata por encima de las nubes donde ahora veo llover
y le pido al dios de la tormenta que no me vuelva a escupir un trueno
hasta que mis noches sean luna llena, aunque tú no quieras volver.
Hasta que mis mañanas sean de café dulce, aunque no vivas mi invierno,
hasta que mis domingos sigan siendo dormidos después de ver amanecer.