Vekolkof
Poeta recién llegado
I.
Esas cadenas pesadas y coaguladas
Que arrastras por la piel
Reminiscencias de rencores impropios
Y odios inexplicados
Debes quitarte, amor mío
Mira tu sangre
Mira tus cortadas sin coartada
Y esas angustias espontáneas
Que te llevan sin retardo al carajo.
II.
No te vayas de la vida
Espera un minuto
Un ratito
Un no sé cuántos otoños
Pero no te vayas aún
Que ya te coroné
Con mis esperanzas desérticas
Y las calaveras azules
Ya te lloran porque no te dejas ver.
III.
Eres el rumor humedáceo de la tarde
Eres lluvia-forestal
Que me besa el fondo de mis almas
Y las grietas de mis venas,
Una inusitada anatomía cristal
Y un complejo elixir de dolor inmortal.
Eres cientos de páginas sangradas
Esperando a gritar lo que sienten
Y el silencio dorado
Siga siendo su enemigo último.
Esas cadenas pesadas y coaguladas
Que arrastras por la piel
Reminiscencias de rencores impropios
Y odios inexplicados
Debes quitarte, amor mío
Mira tu sangre
Mira tus cortadas sin coartada
Y esas angustias espontáneas
Que te llevan sin retardo al carajo.
II.
No te vayas de la vida
Espera un minuto
Un ratito
Un no sé cuántos otoños
Pero no te vayas aún
Que ya te coroné
Con mis esperanzas desérticas
Y las calaveras azules
Ya te lloran porque no te dejas ver.
III.
Eres el rumor humedáceo de la tarde
Eres lluvia-forestal
Que me besa el fondo de mis almas
Y las grietas de mis venas,
Una inusitada anatomía cristal
Y un complejo elixir de dolor inmortal.
Eres cientos de páginas sangradas
Esperando a gritar lo que sienten
Y el silencio dorado
Siga siendo su enemigo último.
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