Halloran
Poeta asiduo al portal
TRES FRAGMENTOS DE UNA NOCHE
I.
Dulces, muy dulces, tus besos.
Tus besos, que son los versos
con los que escribo el poema
de una vida mal rimada.
Versos que vagan, al aire,
sueltos, libres, volanderos.
Versos raros, versos tristes...
Besos, versos... verdaderos.
El mejor poema es
el que nunca se recita,
el que se vive despacio,
el que se da en una cita
de encuentros en los portales,
de caricias y de besos... De besos tales
que buscarlos no deseo:
cuando llegan dan el cielo,
un cielo dulce y espeso;
cuando se van... tal infierno
que mejor no hablemos de eso.
II.
Tuve el mundo en mis brazos,
tuve un tesoro en mi pecho,
tuve la vida en mis labios,
tuve la gloria en mis dedos.
Me diste, con tus caricias,
un pedacito de cielo.
El alma, el alma entera,
me robaste con tus besos.
Nada queda, sólo el llanto
del que espera tu regreso.
III.
Al sentir en mí tu pecho,
en mis manos tus caderas,
en tus labios mi deseo,
en mis espaldas tus manos,
en tu melena mis sueños,
en tu rostro el oasis
donde mi sed yo entierro,
en tu mirada, la vida
que me das a brazos llenos,
en tu cuerpo mi locura,
mi descanso en tus besos,
el mundo, en suma, la gloria,
cada roce de tus dedos,
se me escapa un pensamiento,
algo así como un "te quiero".
Me lo guardo, no lo digo,
lo condeno al silencio.
Temo que esas palabras,
aun siendo lo que siento,
me despierten de este sueño.
Y no quiero estar despierto.
I.
Dulces, muy dulces, tus besos.
Tus besos, que son los versos
con los que escribo el poema
de una vida mal rimada.
Versos que vagan, al aire,
sueltos, libres, volanderos.
Versos raros, versos tristes...
Besos, versos... verdaderos.
El mejor poema es
el que nunca se recita,
el que se vive despacio,
el que se da en una cita
de encuentros en los portales,
de caricias y de besos... De besos tales
que buscarlos no deseo:
cuando llegan dan el cielo,
un cielo dulce y espeso;
cuando se van... tal infierno
que mejor no hablemos de eso.
II.
Tuve el mundo en mis brazos,
tuve un tesoro en mi pecho,
tuve la vida en mis labios,
tuve la gloria en mis dedos.
Me diste, con tus caricias,
un pedacito de cielo.
El alma, el alma entera,
me robaste con tus besos.
Nada queda, sólo el llanto
del que espera tu regreso.
III.
Al sentir en mí tu pecho,
en mis manos tus caderas,
en tus labios mi deseo,
en mis espaldas tus manos,
en tu melena mis sueños,
en tu rostro el oasis
donde mi sed yo entierro,
en tu mirada, la vida
que me das a brazos llenos,
en tu cuerpo mi locura,
mi descanso en tus besos,
el mundo, en suma, la gloria,
cada roce de tus dedos,
se me escapa un pensamiento,
algo así como un "te quiero".
Me lo guardo, no lo digo,
lo condeno al silencio.
Temo que esas palabras,
aun siendo lo que siento,
me despierten de este sueño.
Y no quiero estar despierto.