elena morado
Poeta que considera el portal su segunda casa
Gracias Luis por habérmela presentado,
no la conocía. Nació en Santiago en el 77. A ver si me la encuentro un día de éstos.
He optado por traer sólo la versión en castellano. También figura la versión en gallego.
no la conocía. Nació en Santiago en el 77. A ver si me la encuentro un día de éstos.
He optado por traer sólo la versión en castellano. También figura la versión en gallego.
HISTORIA DE LA TRANSFORMACIÓN
Fue primero un trastorno
una lesiva abstinencia de niña éramos pobres y no tenía ni aquello
raquítica de mí depauperada antes de yo amargor carente una
parábola de complejos un síndrome un fantasma
(Aciago a partes iguales echarlo en falta o lamentarlo)
Arrecife de sombra que rompe mis collares.
Fue primero una branquia evasiva que
no me quiso hacer feliz tocándome con su soplo
soy la cara más común del patio del colegio
el rostro insustancial que nada en nada siembra
lo tienes o no lo tienes renuncia acostúmbrate traga eso
cuervos toldando nubes una condena de frío eterno
una paciente galerna una privada privación
(niña de colegio de monjas que fui salen todas
anoréxicas o lesbianas la
letra entra con sangre en los codos en las cabezas en las
conciencias o en los coños).
Cerré los ojos y empecé a desear con todas mis fuerzas
lograr de una vez por todas convertirme en la que era.
Pero la belleza corrompe. La belleza corrompe.
Arrecife de sombra que gasta mis collares.
Vence la madrugada y la garganta contiene un presagio.
¡Pobre bobita!, te obsesionaste con cubrir con cruces en vez de
con su contenido.
Fue un lento y vertiginoso brotar de flores en inverno
Los ríos saltaban hacia atrás y se resolvían en cataratas rosas
lamparillas y caracoles me nacieron en los cabellos
La sonrisa de mis pechos dio combustible a los aeroplanos
La belleza corrompe
La belleza corrompe
La tersura de mi vientre escoltaba a la primavera
se desbordaron las caracolas en mis manos tan menudas
mi más alto halago pellizcó mi ventrículo
y ya no supe qué hacer con tanta luz en tanta sombra.
Me dijeron: “tu propia arma será tu propio castigo”
me escupieron en la cara todas mis propias virtudes en este
club no admitimos a chicas con los labios pintados de rojo
un maremoto sucio una usura de perversión que
no puede tener que ver con mi máscara de pestañas los
ratones subieron a mi cuarto ensuciaron los cajones de ropa blanca
litros de ferralla alquitrán acecho a escondidas litros
de control litros de difamadores kilos de suspicacias levantadas
sólo con la tensión del arco de mis cejas deberían maniatarte
adjudicarte una estampa gris y borrarte los trazos con ácido.
¿renunciar a ser yo para ser una escritora?
demonizaron lo gentil y lo esbelto de mi cuello y el
modo en que nace el cabello en la parte baja de mi nuca en este
club no admiten a chicas que anden tan bien arregladas
Desconfiamos del verano.
La belleza corrompe.
Mira bien si te compensa todo esto.
(RE)SER(VADO)
B
Cuando dejo de ser flor,
molesto.
Pero lo duro era ser, lo
infatigablemente aciago.
Que yo contrajese alguna seria dolencia
favorecería enormemente a mi obra literaria.
Como no encuentre trabajo, me marcho a Las Vegas.
En los Estados Unidos soy más guapa que en ningún sitio.
Pero he sido antipática y pretenciosa,
he sonreído por mi propio interés,
la ajetreada capitalista sexy;
compensé por mis días de impotencia.
Ser
es lo difícil.
Cuando hablé sólo contemplaron mis labios.
¿Si me tomo un descanso eso
me hará irresponsable?
¿si soy vulnerable
seré pisoteada?
¿si me fuesen peor las cosas
me querríais acaso más?
Una profusa navaja es el proyecto de la identidad,
un ruiseñor mecánico la tarde.
Tanto souvenir acabará con Notre Dame
¿Dónde estabas cuando te necesité?
PROMESA
Trabajo todo el día.
Gusanos vienen a veces a habitarme los tendones.
Con una mano
reconozco la multiplicidad de la contienda,
con la otra
peino el universo.
Porque nada bueno se presupone bajo mi cuerpo,
debo apilar turnos dobles para que sepan y
además crean.
Todos los vicios vienen de la mano de esta virtud.
Se duplican las pupilas en este cuarto sin ventanas.
Carros cargas cuchillos corredores.
En horas extra ganchillo
filigranas de sombra sin descanso.
Tengo que labrar la talla de
detrás de cada paso un
argumento.
(Para cuando una boca se abre
debo cocinar un sofisticado plato que le tape los reproches).
Todos los bichos de la infamia se lanzan contra mí.
La estrechez de mi cintura malvende mi descrédito.
Promesa de poder ser yo
cuando mis pechos sucumban.
Promesa de que mi cuerpo
pertenece a las alimañas.
Que todos los esfuerzos
de apenas nada valieron
y que sólo queda, al final, el gesto
de mi supuesta belleza
amenazante.
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