Viento de américa
Poeta adicto al portal
1
A tu cuarto penetra la luz tenue
por los resquicios de la ventana,
agarra en desbandada, por los pies, las últimas sombras.
Ahí, en tu amplia y mullida cama,
te sorprende abrazando a la almohada.
2
Tus pies diminutos y desnudos,
como pececitos arrojados fuera del agua
en su último estertor,
se pierden entre calles sitiadas por la lluvia
y taxis que devoran gentes y paraguas.
Ahí donde tantas veces
fueron sólo una pálida sombra,
las gotas, ahora sí, me calan hasta los huesos.
3
Este... ¿me permite unas palabras?
Por favor no me mire así,
con esos ojos de borrego a medio morir.
Me pone nervioso
y las palabras se me atoran en la garganta.
No tome esto como una propuesta indecorosa.
¡Es usted muy linda y me gusta mucho!
Sólo le propongo unir nuestras soledades.
Sí, ya sé, el riesgo es muy grande.
Pero lo peor que puede pasar
es ver brotar entre nosotros
una gran soledad.
A tu cuarto penetra la luz tenue
por los resquicios de la ventana,
agarra en desbandada, por los pies, las últimas sombras.
Ahí, en tu amplia y mullida cama,
te sorprende abrazando a la almohada.
2
Tus pies diminutos y desnudos,
como pececitos arrojados fuera del agua
en su último estertor,
se pierden entre calles sitiadas por la lluvia
y taxis que devoran gentes y paraguas.
Ahí donde tantas veces
fueron sólo una pálida sombra,
las gotas, ahora sí, me calan hasta los huesos.
3
Este... ¿me permite unas palabras?
Por favor no me mire así,
con esos ojos de borrego a medio morir.
Me pone nervioso
y las palabras se me atoran en la garganta.
No tome esto como una propuesta indecorosa.
¡Es usted muy linda y me gusta mucho!
Sólo le propongo unir nuestras soledades.
Sí, ya sé, el riesgo es muy grande.
Pero lo peor que puede pasar
es ver brotar entre nosotros
una gran soledad.
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