El Poeta del Asfalto
Poeta adicto al portal
Pase a la kermese.
Tumbe el muñeco,
tres tiros por un peso
Por el insulto fácil
y la mentira que el diálogo asesina.
Por la falta de oportunidades:
“¿En qué barrio dijo que vive?
Aja, sí...
Vaya que lo llamamos mañana”
Ni siquiera te pidieron el teléfono que no tienes.
Ya no somos hermanos.
Ya no somos más nada.
Tempestad.
Cantan las sirenas azules,
dan vueltas.
Estás allá afuera,
sólo bajo la lluvia fría.
Por la lata que, lenta,
pero mata.
Por el vino que disuelve penas.
Porque estás sucio y desprolijo.
Por las sombras de los ojos.
Por el cariño,
que no vino.
Por el arma vieja que se traba,
que volverán a vender en la comisaría.
Por la inocencia asesinada y fría
a la salida del mercado.
Las sirenas entonan la misma canción de siempre.
Indiferencia, o no saber que hacer.
Pasa gente.
Las cárceles se llenan.
Milonga del que pierde,
una madre que llora.
La vereda queda roja.
Cielo oscuro,
todo demasiado tarde.
Por la oportunidad que no llega.
Porque estuviste siempre allá afuera
e hicimos como que no te vimos.
Por el futuro que se traba en la recámara.
Y cuando todo se te apaga...,
llega la cámara indolente que nunca falta.
Olfateó sangre, siguió el rastro y se enciende
velando otro muerto más.
Muestra la escena,
la sangre,
no la historia de carencias.
Juzga desde el cómodo sillón el televidente.
Otra vida menos.
La puerta de vidrio astillada
Dos o tres cápsulas servidas.
La caja vacía.
Una ley que sirve de poco y nada
si tira y después pregunta.
La inocencia por algunos pesos
asesinada frente al ojo de la cámara.
De lunes a lunes
pasan muertos,
jóvenes.
Compran mentiras,
y drogas.
Se apilan.
Le venden a alguien muy decente,
barato todo eso que roban.
Pero ese nunca cae,
pide seguridad
apunta con el dedo,
dispara.
Inocencia en el medio de la línea de tiro.
La vereda queda roja.
Cielo oscuro,
todo demasiado tarde.
Otra vida menos,
¿no tendremos ya más nada que nos una?
A los profetas de la mano dura.
A hermosos y amarillistas canales de Tv.
La lata: En una lata juntan todo los restos del residuo de la pasta base de cocaína y ya al final de la fisura lo fuman, de ahí el nombre
Tumbe el muñeco,
tres tiros por un peso
Por el insulto fácil
y la mentira que el diálogo asesina.
Por la falta de oportunidades:
“¿En qué barrio dijo que vive?
Aja, sí...
Vaya que lo llamamos mañana”
Ni siquiera te pidieron el teléfono que no tienes.
Ya no somos hermanos.
Ya no somos más nada.
Tempestad.
Cantan las sirenas azules,
dan vueltas.
Estás allá afuera,
sólo bajo la lluvia fría.
Por la lata que, lenta,
pero mata.
Por el vino que disuelve penas.
Porque estás sucio y desprolijo.
Por las sombras de los ojos.
Por el cariño,
que no vino.
Por el arma vieja que se traba,
que volverán a vender en la comisaría.
Por la inocencia asesinada y fría
a la salida del mercado.
Las sirenas entonan la misma canción de siempre.
Indiferencia, o no saber que hacer.
Pasa gente.
Las cárceles se llenan.
Milonga del que pierde,
una madre que llora.
La vereda queda roja.
Cielo oscuro,
todo demasiado tarde.
Por la oportunidad que no llega.
Porque estuviste siempre allá afuera
e hicimos como que no te vimos.
Por el futuro que se traba en la recámara.
Y cuando todo se te apaga...,
llega la cámara indolente que nunca falta.
Olfateó sangre, siguió el rastro y se enciende
velando otro muerto más.
Muestra la escena,
la sangre,
no la historia de carencias.
Juzga desde el cómodo sillón el televidente.
Otra vida menos.
La puerta de vidrio astillada
Dos o tres cápsulas servidas.
La caja vacía.
Una ley que sirve de poco y nada
si tira y después pregunta.
La inocencia por algunos pesos
asesinada frente al ojo de la cámara.
De lunes a lunes
pasan muertos,
jóvenes.
Compran mentiras,
y drogas.
Se apilan.
Le venden a alguien muy decente,
barato todo eso que roban.
Pero ese nunca cae,
pide seguridad
apunta con el dedo,
dispara.
Inocencia en el medio de la línea de tiro.
La vereda queda roja.
Cielo oscuro,
todo demasiado tarde.
Otra vida menos,
¿no tendremos ya más nada que nos una?
A los profetas de la mano dura.
A hermosos y amarillistas canales de Tv.
La lata: En una lata juntan todo los restos del residuo de la pasta base de cocaína y ya al final de la fisura lo fuman, de ahí el nombre