El pasado
El pasado es el tiempo bendito
de todos los posibles vividos contigo;
que aunque vertiginoso quiere alejarte de mí,
nítida e igual vuelve tu imagen
cual relámpago de celeste visión:
disipas las sombras y te acercas brillante,
de entre nebulosas emerges radiante;
tu aureola de pequeñita lejana
se hace muy grande y cercana;
de un murmullo distante
llegas en melodía clarísima;
entre buganvillas opacas, tu rostro
viene a mí con perfumada diadema.
Oh, el pasado, cómo te lleva,
pero mi corazón cómo te trae;
cómo intenta enfurecerse el tiempo conmigo
para confundirte y llevarte con él,
pero cómo batalla mi amor
para deshacer el olvido.
Creo ahora que eres mía,
ayer lo fuiste realmente,
mañana tal vez aún lo serás;
mas los tiernos recursos del sentimiento:
la reminiscencia, la añoranza, el recuerdo,
me devuelven a ti ceñida de luz.
Te extraño, te siento, te veo:
nada hay que pueda borrarte de mí;
el tiempo, la distancia, las noches
en mi memoria repiten tu nombre,
pero en mi corazón estás tú misma en presencia:
todo lo que intenta hacer imposible de verte
fracasa en la grandiosa delicia de amarte.
Qué triste que en este momento yo deba decir:
aquel instante, en ese lugar; y no ahora, y no aquí;
pero me alegro de haberlos vivido contigo
y festejo el haberlos existido a tu lado:
en ese retazo de tiempo feliz
un pedazo de mi corazón
se quedó allí,
en ese momento del tiempo,
en ese rincón de la vida,
El presente
El presente es el tiempo egoísta
de lo único mío,
de mis certezas, de mis certidumbres;
de que tú estás conmigo:
no hay dicha más grande;
estoy yo contigo:
esto es la felicidad aunque sea fugaz;
en este instante se detiene el tiempo en este lugar,
todo es luz, todo es alegría;
escucho el latir de mi corazón;
se agita mi respiración;
no tengo deseos de hablar;
no hay palabras que pronunciar;
nada más tiene sentido;
las energías se concentran en mi mirar;
la luz se hace en el contemplar;
todo mi ser se acumula en sentir;
una sola idea: la mujer ideal;
un solo pensamiento: tu imagen;
un solo anhelo: agradarte;
un solo deseo: halagarte;
una sola ilusión: adorarte;
única religión: creer en ti.
El futuro
El futuro es el tiempo de la ilusión,
de pensar ciertas las incertidumbres:
de que las sombras se aclaren,
de que las dudas se esfumen,
de ver realizar los anhelos,
de creer factible el deseo;
pero, qué oscuro es, e insondable;
qué miedo aventurarse a entrever
o intentar desenmarañar lo inexistente;
temor para insufrible atreverse con lo irreal;
pero qué maravillosa emoción
el jugar con las más profundas virtualidades:
imaginar, crear, inventar,
Aunque el pesimismo lo teme vengativo y cobrador,
el optimismo lo espera generoso y premiador;
horroroso, a veces, amenaza con caernos furioso;
promisorio, a ratos, se lo presiente halagador;
sólo la esperanza lo hace agradable,
los sueños placentero y posible,
y las visiones aceptable y venturoso;
la angustia de lo desconocido
por él se enerva completamente acerba;
premonición, adivinación, anuncio, intuición:
he ahí los desafíos del alma curiosa
que por eso se escuda en justificaciones:
déjalo para mañana: el consejo más fácil;
hazlo hoy: recomendación tan prudente;
debiste hacerlo: reconvención para inútil;
aún puedes lograrlo: insinuación muy sutil,
Y también los lógicos retos
de la humana y final trascendencia :
la vida es ahora: vívela;
la felicidad te busca: recíbela;
la misión te llama: entrégate con el corazón;
el amigo te pide: dale tu mano;
la paz es posible: lucha por ella;
el amor ha llegado: ábrele tu alma,
El pasado, el presente, el futuro,
inventos del inasible e incómodo tiempo:
el pasado ya fue, el presente es y ya no será,
el futuro no es,
Por eso te digo, mi amor,
no tentemos al porvenir,
porque si así nos amamos ahora
para nosotros el mañana no existe,