Adonde se fue aquello que sembró la nada,
aquello que aprendí a cosechar cotidianamente;
adonde se fueron los mares que yacían sobre mí;
adónde las estrellas que gravitaban mi alma.
Sobrevolaron al césped del entierro,
al aliento frío que yacerá en mi destino.
Sé que quizás chisgoteé un látigo en las rocas,
que quizás aquel abstracto que algunas veces arrojé,
no quiso regresar más,
y se alejó completamente de mi rumbo,
perdiéndose en un follaje poco descubierto.
Se que se perdieron los colores de biosfera;
los absorbió lo imprevisto, tan repentino, como el mar,
desgarrando el viento.
Ya no aguarda mi sombra acompañante,
ya no gira persiguiendo mi camino,
ya no dibuja una sonrisa en la mañana,
ya no me susurra al oído lo que ocasiona mi festejo.
Miro al horizonte; todo despejado,
se dibuja su figura;
siguen corriendo los segundos.
Sé que mi alma reposa,
de tan dolorosa expresión,
que atacó tan fugaz,
como el tiempo,
como la vida
aquello que aprendí a cosechar cotidianamente;
adonde se fueron los mares que yacían sobre mí;
adónde las estrellas que gravitaban mi alma.
Sobrevolaron al césped del entierro,
al aliento frío que yacerá en mi destino.
Sé que quizás chisgoteé un látigo en las rocas,
que quizás aquel abstracto que algunas veces arrojé,
no quiso regresar más,
y se alejó completamente de mi rumbo,
perdiéndose en un follaje poco descubierto.
Se que se perdieron los colores de biosfera;
los absorbió lo imprevisto, tan repentino, como el mar,
desgarrando el viento.
Ya no aguarda mi sombra acompañante,
ya no gira persiguiendo mi camino,
ya no dibuja una sonrisa en la mañana,
ya no me susurra al oído lo que ocasiona mi festejo.
Miro al horizonte; todo despejado,
se dibuja su figura;
siguen corriendo los segundos.
Sé que mi alma reposa,
de tan dolorosa expresión,
que atacó tan fugaz,
como el tiempo,
como la vida
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