Noa
Poeta recién llegado
En las noches me quedo solo, acompañado con mis pensamientos y mi predilecta copa de cristal, para aliviar el calor de mis noches veraniegas:
El vaso de cristal absorbe mis pensamientos
y los transforma en gotas melancólicas
llenando de agua gélida su cavidad
carente de calor o de ilusiones
Aliviando mi agonía con su frío soporífero
se condensan las gotas en el borde
haciendo imágenes nostálgicas
de pasados intrascendentes
Su transparencia azul y perfume sin olor
me urgen motivos de un mejor momento
Entre mi soledad sideral y mi despecho seco
sabe a nada la amargura intrascendente
de la copa retonando timbres antárticos
con los hielos convulsionando en su nada líquida
Los hielos fríos como misántropos
insultando mi silencio de siempre
se derriten en la mesa cansada y doliente
Y la profunda nada callada y durmiente
hace somnífero mi lamentable presente
y reposo con ella copa en mano y desilusionado
acompañado con mi vaso de agua gélida
el único que me ampara en mis noches tristes y solas
como entonces y como siempre, mientras escucho
el nacimiento de una lluvia inocente
que ahoga el desamor de mi amor convaleciente
no reciprocado y muerto de indiferencia
El vaso de cristal absorbe mis pensamientos
y los transforma en gotas melancólicas
llenando de agua gélida su cavidad
carente de calor o de ilusiones
Aliviando mi agonía con su frío soporífero
se condensan las gotas en el borde
haciendo imágenes nostálgicas
de pasados intrascendentes
Su transparencia azul y perfume sin olor
me urgen motivos de un mejor momento
Entre mi soledad sideral y mi despecho seco
sabe a nada la amargura intrascendente
de la copa retonando timbres antárticos
con los hielos convulsionando en su nada líquida
Los hielos fríos como misántropos
insultando mi silencio de siempre
se derriten en la mesa cansada y doliente
Y la profunda nada callada y durmiente
hace somnífero mi lamentable presente
y reposo con ella copa en mano y desilusionado
acompañado con mi vaso de agua gélida
el único que me ampara en mis noches tristes y solas
como entonces y como siempre, mientras escucho
el nacimiento de una lluvia inocente
que ahoga el desamor de mi amor convaleciente
no reciprocado y muerto de indiferencia