iadra
Poeta que considera el portal su segunda casa
Vamos caminando de la mano
Angustia y yo.
Me lleva por las calles, divagando,
haciendo gala de presunción.
Ya sabe que me tiene conquistada,
y que a sus intemporáneos pies estoy.
Su Mano me cubre el corazón,
y me lo va apretando
hasta que para, y se contiene
vuelta un poco a la razón.
Soy una víctima suya,
y me besa, me toca, con desazón.
Sabe que si manda, no demando
piedad, clemencia, perdón.
Vamos hasta llegar a un cuarto
donde nos espera Tristeza
recostada y desnuda,
sobre su húmedo lecho de lágrimas,
exhibiendo su fría belleza,
ofreciéndome su único manto.
Y después de revolcarnos por un rato,
se nos unió, melancólica, Agonía,
envolviéndome entonces en orgía
con las tres Hermanas de mi llanto.
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::. Como sea, con todos involucrados o no, me encantó.