Antonio López Sánchez
Poeta recién llegado
Empieza con una mirada. Termina con un portazo.
Las piezas que siempre encajaban hoy entran con más trabajo.
Empieza con una caricia. Termina con un “por si acaso”.
Cuanto más me acerco a ti, más te alejas de mis brazos.
Empieza con un susurro. Termina con un estridente grito.
Solo me habla si se aburre. Solo le hablo si me excito.
Lo que empieza con un beso acaba en una demolición.
Y por eso, ya, sólo beso, bajo techos de algodón.
Empieza con un abrazo. Termina con una traición.
No existe manual, ni guía, que oriente bien al corazón.
Empieza con dos palabras. Termina con una o quizás también con dos.
Empezó en un “Para Siempre”. Y acabará en un “Hasta nunca” o en un “adiós”.
Las piezas que siempre encajaban hoy entran con más trabajo.
Empieza con una caricia. Termina con un “por si acaso”.
Cuanto más me acerco a ti, más te alejas de mis brazos.
Empieza con un susurro. Termina con un estridente grito.
Solo me habla si se aburre. Solo le hablo si me excito.
Lo que empieza con un beso acaba en una demolición.
Y por eso, ya, sólo beso, bajo techos de algodón.
Empieza con un abrazo. Termina con una traición.
No existe manual, ni guía, que oriente bien al corazón.
Empieza con dos palabras. Termina con una o quizás también con dos.
Empezó en un “Para Siempre”. Y acabará en un “Hasta nunca” o en un “adiós”.