Te lo quise explicar pero me dabas la razón sin hacerme caso;
que olian a marisco y mujeres caras; que yo no podia estar siempre
a tu lado.
Me prometiste que no firmarías, que no me contarías nada por teléfono:
Tu y yo sabemos demasiadas cosas.
Sabíamos que ellos solo disponen de mentiras; que se nutren de firmas
y amenazas.
Pero recorriste los fétidos pasillos, llegaste a los despachos putrefactos
nutridos de inocentes dolores.
Allí no hay vida -te dije- más allá de los micrófonos escondidos. Ni poesía.
Y tu, después de tantas presiones, cediste. Firmaste su mentira dejando
un espacio en blanco. ¿Qué no sabes que los espacios en blanco pueden llenarse
de tinta? Yo no pude hacer nada.
Te dije que no fueras, que no hablaras; que se han hecho populares caminando
sobre sacrificios ajenos.
Ahora ya es tarde. Una parte nuestra quedó sepultada para siempre
en ese corrupto sepulcro.
Solo me quedan poesías manchadas de asco, olor a marisco y una bocanada
de aire, de pan y de agua para seguir viviendo.
¿Qué harán con la victoria?
¿Qué manos se bañarán de vino con tanto destrozo?
Es tarde para ser el mismo; para ser la misma. Pero tenemos nuestro amor, el mar;
las caracolas...
Y un puñado de golfos en la memoria.
que olian a marisco y mujeres caras; que yo no podia estar siempre
a tu lado.
Me prometiste que no firmarías, que no me contarías nada por teléfono:
Tu y yo sabemos demasiadas cosas.
Sabíamos que ellos solo disponen de mentiras; que se nutren de firmas
y amenazas.
Pero recorriste los fétidos pasillos, llegaste a los despachos putrefactos
nutridos de inocentes dolores.
Allí no hay vida -te dije- más allá de los micrófonos escondidos. Ni poesía.
Y tu, después de tantas presiones, cediste. Firmaste su mentira dejando
un espacio en blanco. ¿Qué no sabes que los espacios en blanco pueden llenarse
de tinta? Yo no pude hacer nada.
Te dije que no fueras, que no hablaras; que se han hecho populares caminando
sobre sacrificios ajenos.
Ahora ya es tarde. Una parte nuestra quedó sepultada para siempre
en ese corrupto sepulcro.
Solo me quedan poesías manchadas de asco, olor a marisco y una bocanada
de aire, de pan y de agua para seguir viviendo.
¿Qué harán con la victoria?
¿Qué manos se bañarán de vino con tanto destrozo?
Es tarde para ser el mismo; para ser la misma. Pero tenemos nuestro amor, el mar;
las caracolas...
Y un puñado de golfos en la memoria.