sergio Bermúdez
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tristeza en el alba
se duerme el cielo en una mirada
y se caen las pestañas de los cielos
y las pupilas se hacen como ojos entre mis miradas.
se duerme el cielo en una mirada
y se caen las pestañas de los cielos
y las pupilas se hacen como ojos entre mis miradas.
Pero los ojos de mi ayer cierran sus ventanas
y no se vuelve a ver su sol
y los poemas cabalgan entre su adiós
las palabras no son voz en su diversión
porque las luciérnagas no son de su corazón
con los versos de decirme adiós
entre cada sueño al decir que no
de ver arrastrar la mirada entre los aires
y no saber porque un día me dijo que no
y cayeron entre cada pesadilla que me hacía daño
y quedaba entre la tristeza de una sonrisa
que no sabía nada de mi ayer
la tristeza coincidió con la mirada del alba
cabalgando entre los hundimientos de una frase sin promesa
y así cayo su voz muerta entre las etapas de sueño
y no había luna entre los mundos de amaneceres
porque el alba había quitado los pétalos a la luna
y no podía más
de ver su origen caer entre los ojos de mi querer
no había nada en volverla a ver
y así cayo una brisa helada por mis orejas
hasta quemar el hielo mi piel
y no saber que me encontraba sin saber nacer
que no podía quererme más
sin ver de nuevo mi placer
por siempre entre los ojos
por los que quise nacer.
y no se vuelve a ver su sol
y los poemas cabalgan entre su adiós
las palabras no son voz en su diversión
porque las luciérnagas no son de su corazón
con los versos de decirme adiós
entre cada sueño al decir que no
de ver arrastrar la mirada entre los aires
y no saber porque un día me dijo que no
y cayeron entre cada pesadilla que me hacía daño
y quedaba entre la tristeza de una sonrisa
que no sabía nada de mi ayer
la tristeza coincidió con la mirada del alba
cabalgando entre los hundimientos de una frase sin promesa
y así cayo su voz muerta entre las etapas de sueño
y no había luna entre los mundos de amaneceres
porque el alba había quitado los pétalos a la luna
y no podía más
de ver su origen caer entre los ojos de mi querer
no había nada en volverla a ver
y así cayo una brisa helada por mis orejas
hasta quemar el hielo mi piel
y no saber que me encontraba sin saber nacer
que no podía quererme más
sin ver de nuevo mi placer
por siempre entre los ojos
por los que quise nacer.
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