Anne_
I killed Bukowski.
Yo soy lo que soy
La primera vez que me vi, tenía 8 años,
fueron los minutos más mágicos
que una niña puede tener,
seguidamente interrumpidos
de un resplandeciente
y abundante puñete en la cara.
Disney, vender caramelos,
cuadernos celestes, desaparecerme,
los diciembres que he archivado
aún recorren aromas
a parques vacíos a la 1 am, a hojas secas,
a luces aferradas y giros y giros
tratando de renovar mis contratos con la memoria,
supuse que era muy tarde,
sobre todo cuando me vi
entre sospechas y humos colorados
moviéndome galácticamente
entre las calles de Miraflores,
me lanzaba contra las espirales
y formaba agujeros en mi cabeza,
era como un resorte dando tumbos a las 10 pm,
ya para ese entonces tenía pinceladas
en las muñecas y el cabello en las zapatillas,
en la escuela tocaba aves para erizarlas,
y volvía el puñete misterioso,
el color del abanico
y el resplandor de los experimentadores.
Las veces que caí sobre el césped
me persiguió la policía, regresaba por las ventanas,
gritaba sangre bajo mi cama,
me enamoraba y me descuartizaba
los domingos colgando de cabeza
desde las olas más ancianas del sol.
Y al final, ya sin réquiems, ni memorias,
me paraba frente a mi reflejo,
pero ya no podía verme como aquella vez,
ahora tenía la nariz rota, semen en la boca
y los ojos abandonados
en algún rezago marino,
llenos de marihuana y metanfetaminas.
Había despertado lejos aquella mañana,
no había desayuno, ni sobras,
y mi ropa yacía en la cocina,
pienso que tenía frío y es que hacía frío,
casi a empujones logré acercarme al inodoro,
y en el reflejo de mis sollozos y el barro de mis uñas,
pude verme otra vez, ahí estaba de niña,
con un hermoso vestido blanco de flores
y unos pequeños zapaticos de canela,
llevaba el cabello sobre los hombros
y un enjambre de sonrisas
flotando alrededor de lo que será mi tumba.
El resto han sido golpes,
asaltos a licorerías y cafeterías,
bolsiquear ebrios, y la vida,
la única vida que ha muerto y siempre he de tener.
Ahora soy mi soy?, no,
siempre, entre la temperatura de mis reflejos,
de cerca… De lejos.
Pensaba que hacía frío
y me enfrentaba a la rutina de los ángeles,
a los combates contra los clavos,
pensaba que había destruido
fuegos en los programas de tv,
y de nuevo ángeles
preocupándose por como van las cosas,
si respiras, si sueñas,
si aligeras tu carga camino al infierno,
porque todos juntos nos vamos a ir al infierno, bueno,
hay que ser realistas, tal vez no juntos,
pero definitivamente si al infierno.
La primera vez que me vi, tenía 8 años,
fueron los minutos más mágicos
que una niña puede tener,
seguidamente interrumpidos
de un resplandeciente
y abundante puñete en la cara.
Disney, vender caramelos,
cuadernos celestes, desaparecerme,
los diciembres que he archivado
aún recorren aromas
a parques vacíos a la 1 am, a hojas secas,
a luces aferradas y giros y giros
tratando de renovar mis contratos con la memoria,
supuse que era muy tarde,
sobre todo cuando me vi
entre sospechas y humos colorados
moviéndome galácticamente
entre las calles de Miraflores,
me lanzaba contra las espirales
y formaba agujeros en mi cabeza,
era como un resorte dando tumbos a las 10 pm,
ya para ese entonces tenía pinceladas
en las muñecas y el cabello en las zapatillas,
en la escuela tocaba aves para erizarlas,
y volvía el puñete misterioso,
el color del abanico
y el resplandor de los experimentadores.
Las veces que caí sobre el césped
me persiguió la policía, regresaba por las ventanas,
gritaba sangre bajo mi cama,
me enamoraba y me descuartizaba
los domingos colgando de cabeza
desde las olas más ancianas del sol.
Y al final, ya sin réquiems, ni memorias,
me paraba frente a mi reflejo,
pero ya no podía verme como aquella vez,
ahora tenía la nariz rota, semen en la boca
y los ojos abandonados
en algún rezago marino,
llenos de marihuana y metanfetaminas.
Había despertado lejos aquella mañana,
no había desayuno, ni sobras,
y mi ropa yacía en la cocina,
pienso que tenía frío y es que hacía frío,
casi a empujones logré acercarme al inodoro,
y en el reflejo de mis sollozos y el barro de mis uñas,
pude verme otra vez, ahí estaba de niña,
con un hermoso vestido blanco de flores
y unos pequeños zapaticos de canela,
llevaba el cabello sobre los hombros
y un enjambre de sonrisas
flotando alrededor de lo que será mi tumba.
El resto han sido golpes,
asaltos a licorerías y cafeterías,
bolsiquear ebrios, y la vida,
la única vida que ha muerto y siempre he de tener.
Ahora soy mi soy?, no,
siempre, entre la temperatura de mis reflejos,
de cerca… De lejos.
Pensaba que hacía frío
y me enfrentaba a la rutina de los ángeles,
a los combates contra los clavos,
pensaba que había destruido
fuegos en los programas de tv,
y de nuevo ángeles
preocupándose por como van las cosas,
si respiras, si sueñas,
si aligeras tu carga camino al infierno,
porque todos juntos nos vamos a ir al infierno, bueno,
hay que ser realistas, tal vez no juntos,
pero definitivamente si al infierno.