Jcmch
Poeta veterano en el portal.
[center:5c6757ca68]Eres cual fruta añeja,
que se sumerje en la profundidad de los sentidos;
que arrastra la trémula estación de la soledad
a través de la noche.
Un diía me dijiste: Te amo.
Respondí: Yo también.
Y los dos encontramos el diseño perfecto
de la pasión idónea y exquisita.
Pero tu imagen se empañó en mi ventana,
un día,
mientras sombría caminabas a través de la lluvia,
paseando tus tacones ciegos
por las avenidas desiertas del domingo.
Dime,
¿cuándo fue que tu mente se alejó de mi recuerdo?
¿Cuándo tus párpados divinos se cerraron ante mí?
¿Cuándo fue que las bailarinas de tus ojos
se echaron a morir?
No eres mas que la dama que se duerme en su vanidad,
en su Dios piadoso.
Suave, pulcra y olorosa tu mano.
Tu vestido claro y untuoso.
Verde ultramarino.
Bañada en insolente juventud
y podrida con la obscenidad de tu carne tierna.
Y así me dejas,
saboreando los restos dulces
que dejaste en mi almohada.
Llorando sobre el aroma a cristal sublime de tu cabello.
El abandono es la hierba más venenosa de la tierra,
porque detiene el corazón y acelera la muerte.
Se hace cada vez mas frío el aliento
y más amargo el dolor.
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que se sumerje en la profundidad de los sentidos;
que arrastra la trémula estación de la soledad
a través de la noche.
Un diía me dijiste: Te amo.
Respondí: Yo también.
Y los dos encontramos el diseño perfecto
de la pasión idónea y exquisita.
Pero tu imagen se empañó en mi ventana,
un día,
mientras sombría caminabas a través de la lluvia,
paseando tus tacones ciegos
por las avenidas desiertas del domingo.
Dime,
¿cuándo fue que tu mente se alejó de mi recuerdo?
¿Cuándo tus párpados divinos se cerraron ante mí?
¿Cuándo fue que las bailarinas de tus ojos
se echaron a morir?
No eres mas que la dama que se duerme en su vanidad,
en su Dios piadoso.
Suave, pulcra y olorosa tu mano.
Tu vestido claro y untuoso.
Verde ultramarino.
Bañada en insolente juventud
y podrida con la obscenidad de tu carne tierna.
Y así me dejas,
saboreando los restos dulces
que dejaste en mi almohada.
Llorando sobre el aroma a cristal sublime de tu cabello.
El abandono es la hierba más venenosa de la tierra,
porque detiene el corazón y acelera la muerte.
Se hace cada vez mas frío el aliento
y más amargo el dolor.
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