Tu abrazo de luz

El Hombre del pañuelo

Poeta recién llegado
Yo tenía un corazón tan metido hacia dentro,
que había cogido forma de tortuga.

Yo tenía un caparazón de mentiras,
un circo con mil dudas,
un formulario de auto desprecio,
y un dedo acusador,
que me hacía imposibles las noches.

Pero entonces un día,
frente a todas las zarzas de mi cuerpo,
apareció la rosa de tu voz,
los petalos de tus labios,
y el polen de tu abrazo.

Sentí luz,
sentí liberación,
sentí perdón,
y sentí esperanza.

Ahí estabas tú sin ningún escudo,
enfrentándote a mi invierno,
retando a mis fantasmas con tu amor sin cadenas,
y con esa alegría tan honda,
que podría colorear el mundo de una pincelada.

Al principio yo me sentía debil e inexperto,
con todas las heridas del pasado expuestas,
y mi intimidad colgando en tus manos.

Pero tú,
con la paciencia de una madre,
empezaste a dibujar corazones en cada cicatriz,
a coser con caricias cada parte de mi cuerpo,
y a besar con ternura cada miedo emergente.

Me rescataste,
como aquel que cree en lo que ve,
y espera en lo que siente,
y yo,
con la confianza que tiene un ciego a su guía,
decidí agarrar tu oferta,
y caminar contigo
hasta que me lleve la muerte.
 
Y es que el amor verdadero todo lo puede, hasta borrar con un solo beso, todas, pero todas las angustias del pasado.
Excelente tu trabajo poético. Gracias por compartirlo. Abrabesos en tu corazón.
 
Yo tenía un corazón tan metido hacia dentro,
que había cogido forma de tortuga.

Yo tenía un caparazón de mentiras,
un circo con mil dudas,
un formulario de auto desprecio,
y un dedo acusador,
que me hacía imposibles las noches.

Pero entonces un día,
frente a todas las zarzas de mi cuerpo,
apareció la rosa de tu voz,
los petalos de tus labios,
y el polen de tu abrazo.

Sentí luz,
sentí liberación,
sentí perdón,
y sentí esperanza.

Ahí estabas tú sin ningún escudo,
enfrentándote a mi invierno,
retando a mis fantasmas con tu amor sin cadenas,
y con esa alegría tan honda,
que podría colorear el mundo de una pincelada.

Al principio yo me sentía debil e inexperto,
con todas las heridas del pasado expuestas,
y mi intimidad colgando en tus manos.

Pero tú,
con la paciencia de una madre,
empezaste a dibujar corazones en cada cicatriz,
a coser con caricias cada parte de mi cuerpo,
y a besar con ternura cada miedo emergente.

Me rescataste,
como aquel que cree en lo que ve,
y espera en lo que siente,
y yo,
con la confianza que tiene un ciego a su guía,
decidí agarrar tu oferta,
y caminar contigo
hasta que me lleve la muerte.


Mágica experiencia se expone en tu hermosa poesía El hombre del pañuelo, nada mas gratificante que reencontrarse con el amor.
Todo placer pasar y posarme en tu divina gracia poética, mi cordial saludo.
 
Yo tenía un corazón tan metido hacia dentro,
que había cogido forma de tortuga.

Yo tenía un caparazón de mentiras,
un circo con mil dudas,
un formulario de auto desprecio,
y un dedo acusador,
que me hacía imposibles las noches.

Pero entonces un día,
frente a todas las zarzas de mi cuerpo,
apareció la rosa de tu voz,
los petalos de tus labios,
y el polen de tu abrazo.

Sentí luz,
sentí liberación,
sentí perdón,
y sentí esperanza.

Ahí estabas tú sin ningún escudo,
enfrentándote a mi invierno,
retando a mis fantasmas con tu amor sin cadenas,
y con esa alegría tan honda,
que podría colorear el mundo de una pincelada.

Al principio yo me sentía debil e inexperto,
con todas las heridas del pasado expuestas,
y mi intimidad colgando en tus manos.

Pero tú,
con la paciencia de una madre,
empezaste a dibujar corazones en cada cicatriz,
a coser con caricias cada parte de mi cuerpo,
y a besar con ternura cada miedo emergente.

Me rescataste,
como aquel que cree en lo que ve,
y espera en lo que siente,
y yo,
con la confianza que tiene un ciego a su guía,
decidí agarrar tu oferta,
y caminar contigo
hasta que me lleve la muerte.
Ese rescate hacia el amor, decidida materia para
abandonar las viejas experiencias y sentirse asi en
esa confianza biselada entre conjugaciones de
entrega tierna. na bella oba de ondas unicas.
felicidades. saludos amables de luzyabsenta.
bellissimo.
 
Yo tenía un corazón tan metido hacia dentro,
que había cogido forma de tortuga.

Yo tenía un caparazón de mentiras,
un circo con mil dudas,
un formulario de auto desprecio,
y un dedo acusador,
que me hacía imposibles las noches.

Pero entonces un día,
frente a todas las zarzas de mi cuerpo,
apareció la rosa de tu voz,
los petalos de tus labios,
y el polen de tu abrazo.

Sentí luz,
sentí liberación,
sentí perdón,
y sentí esperanza.

Ahí estabas tú sin ningún escudo,
enfrentándote a mi invierno,
retando a mis fantasmas con tu amor sin cadenas,
y con esa alegría tan honda,
que podría colorear el mundo de una pincelada.

Al principio yo me sentía debil e inexperto,
con todas las heridas del pasado expuestas,
y mi intimidad colgando en tus manos.

Pero tú,
con la paciencia de una madre,
empezaste a dibujar corazones en cada cicatriz,
a coser con caricias cada parte de mi cuerpo,
y a besar con ternura cada miedo emergente.

Me rescataste,
como aquel que cree en lo que ve,
y espera en lo que siente,
y yo,
con la confianza que tiene un ciego a su guía,
decidí agarrar tu oferta,
y caminar contigo
hasta que me lleve la muerte.
Sincero y entregado poema, grato leerle
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.

♥ Hacer una donación
Atrás
Arriba