P
Paloma Martin
Invitado
Dueto: Yomboki & Paloma Martin
 
Pensar que pudimos coincidir en algún año,
en alguna necedad o en algún libro,
pensar que pudimos beber juntos a Benedetti
y embriagarnos a la par de algún amor huraño
-exceso de pubertad y de inocencia-
Pensar que alguna vez
pudieras cobijar la misma estrella
un mismo sueño mientras repasabas las calles
con libros en los brazos
y pájaros en la cabeza.
Pensar que pudimos coincidir
en las calles que transitaban
los personajes que leíamos
tú allá y yo aquí.
O en la esquina de algún libro
que desde la mesa de luz,
alumbraba nuestros sueños.
Pensar que pudimos cruzar
en una mirada nuestros destinos
cuando tú allá y yo aquí,
leímos los ojos enamorados de Florentino,
cuando juró de manera indeclinable
adorar a la Fermina de Gabo
en tiempos en que el cólera,
como el amor, era incurable.
Pensar que lo que la geografíar separa y el calendario aleja
puede coincidir en el vasto horizonte de un poema;
pensar que tus pasos antípodas por los adoquines de Colonia
le hacían falta a mis pasos en estos hemisferios;
tu fiel y sosegada, yo absurdo y arbitrario.
Pensar que antes de tanto intento bebimos del mismo vino
y dejamos correr la misma agua.
Pensar que las antípodas no podrían ser eternas
y que en el fondo de una canción estabas también atenta
cuando añorabas el lago de tu vista para el fondo de mis letras
que no tenían destinatario
y el azul de tus poemas llevaba siglos y dos horas de ingrata indiferencia.
Pensar que yo sólo puedo alcanzar las ideas
que emigran de tu mente en alas de tus manos.
No conozco cómo dices las palabras
cuando le pones voz a los poemas
que hablan por ti, sin tu boca.
Pensar que cada vez que nos remontamos
en el cielo azul de la escritura,
la luna que contemplamos los dos,
es la hoja, que en su infinita blancura
nos invita a escribir más y más poesías.
Dejemos, entonces, que una nueva brújula corrija
lo ausente de mi norte y lo arisco de tu sur
y que vayan mis sueños marginales desde mis latitudes
hasta tus Buenos Aires.
 
 
 
Pensar que pudimos coincidir en algún año,
en alguna necedad o en algún libro,
pensar que pudimos beber juntos a Benedetti
y embriagarnos a la par de algún amor huraño
-exceso de pubertad y de inocencia-
Pensar que alguna vez
pudieras cobijar la misma estrella
un mismo sueño mientras repasabas las calles
con libros en los brazos
y pájaros en la cabeza.
Pensar que pudimos coincidir
en las calles que transitaban
los personajes que leíamos
tú allá y yo aquí.
O en la esquina de algún libro
que desde la mesa de luz,
alumbraba nuestros sueños.
Pensar que pudimos cruzar
en una mirada nuestros destinos
cuando tú allá y yo aquí,
leímos los ojos enamorados de Florentino,
cuando juró de manera indeclinable
adorar a la Fermina de Gabo
en tiempos en que el cólera,
como el amor, era incurable.
Pensar que lo que la geografíar separa y el calendario aleja
puede coincidir en el vasto horizonte de un poema;
pensar que tus pasos antípodas por los adoquines de Colonia
le hacían falta a mis pasos en estos hemisferios;
tu fiel y sosegada, yo absurdo y arbitrario.
Pensar que antes de tanto intento bebimos del mismo vino
y dejamos correr la misma agua.
Pensar que las antípodas no podrían ser eternas
y que en el fondo de una canción estabas también atenta
cuando añorabas el lago de tu vista para el fondo de mis letras
que no tenían destinatario
y el azul de tus poemas llevaba siglos y dos horas de ingrata indiferencia.
Pensar que yo sólo puedo alcanzar las ideas
que emigran de tu mente en alas de tus manos.
No conozco cómo dices las palabras
cuando le pones voz a los poemas
que hablan por ti, sin tu boca.
Pensar que cada vez que nos remontamos
en el cielo azul de la escritura,
la luna que contemplamos los dos,
es la hoja, que en su infinita blancura
nos invita a escribir más y más poesías.
Dejemos, entonces, que una nueva brújula corrija
lo ausente de mi norte y lo arisco de tu sur
y que vayan mis sueños marginales desde mis latitudes
hasta tus Buenos Aires.
 
 
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