Henry Miller
Poeta recién llegado
Tu amigo no
nada de miradas de peluquero
ni de confidencias de manicura,
no puedo comerme los ojos mientras te miro,
rondar en el epicentro de la cordura
como un toro a medias
como un pájaro congelado
deshojando migajas de aceptación
caminando hacia el precipicio de la impotencia.
No, porque puedo romperme un día
y salpicarte de rabia,
cobrarte los besos que no me has dado
y perderme entre lo espeso del olvido.
Tu amigo no
nada historias de domingo,
de rutinas que fingen tener sentido,
de la presencia constante y sorda
del que no tiene nombre.
Tu amigo nunca
porque para mí tu talle
es una prueba de que Dios Existe,
porque nunca he amado a alguien tan sin razón,
porque de ti me gusta
lo que ni a ti te gusta,
tus excentricidades y tus más negras sombras
tu sonrisa apretada
tus ojos de condena.
Porque mientras tu te fugas de aburrimiento
un domingo cualquiera
estas presente en mi
entre las notas de un son que se prolonga
y la tibieza del aire tinto.
Estas presente,
casi puedo tocarte las manos
sentir tu carne latiendo
tu boca danzando como un astro hipnótico,
y te busco, te siento cerca
palpo la tristeza que traes de siglos
Tu amigo no,
porque voy por tu cuerpo como por la noche
porque me aprietan los zapatos del impostor
porque ya no puedo echarme atrás,
estoy en lo alto del acantilado
cercado por todo lo infinito
cegado por el aire altísimo
y no puedo contentarme con menos,
no puedo alzarte el vestido de novia
ni lavar tus prendas íntimas,
no porque yo soy de otra estirpe,
de los que caminan de noche
porque siguen inquietos.
Tu amigo nunca,
porque cada palabra tuya
es como la hebra de un tejido eterno
que llena mis ojos de color,
porque por ti la música y los días
son el alfabeto de lo inefable,
y puedo morir solo de verte
cuando sonríes de veras
como la niña que se me perdió una tarde
dejando de recuerdo un guiño.
nada de miradas de peluquero
ni de confidencias de manicura,
no puedo comerme los ojos mientras te miro,
rondar en el epicentro de la cordura
como un toro a medias
como un pájaro congelado
deshojando migajas de aceptación
caminando hacia el precipicio de la impotencia.
No, porque puedo romperme un día
y salpicarte de rabia,
cobrarte los besos que no me has dado
y perderme entre lo espeso del olvido.
Tu amigo no
nada historias de domingo,
de rutinas que fingen tener sentido,
de la presencia constante y sorda
del que no tiene nombre.
Tu amigo nunca
porque para mí tu talle
es una prueba de que Dios Existe,
porque nunca he amado a alguien tan sin razón,
porque de ti me gusta
lo que ni a ti te gusta,
tus excentricidades y tus más negras sombras
tu sonrisa apretada
tus ojos de condena.
Porque mientras tu te fugas de aburrimiento
un domingo cualquiera
estas presente en mi
entre las notas de un son que se prolonga
y la tibieza del aire tinto.
Estas presente,
casi puedo tocarte las manos
sentir tu carne latiendo
tu boca danzando como un astro hipnótico,
y te busco, te siento cerca
palpo la tristeza que traes de siglos
Tu amigo no,
porque voy por tu cuerpo como por la noche
porque me aprietan los zapatos del impostor
porque ya no puedo echarme atrás,
estoy en lo alto del acantilado
cercado por todo lo infinito
cegado por el aire altísimo
y no puedo contentarme con menos,
no puedo alzarte el vestido de novia
ni lavar tus prendas íntimas,
no porque yo soy de otra estirpe,
de los que caminan de noche
porque siguen inquietos.
Tu amigo nunca,
porque cada palabra tuya
es como la hebra de un tejido eterno
que llena mis ojos de color,
porque por ti la música y los días
son el alfabeto de lo inefable,
y puedo morir solo de verte
cuando sonríes de veras
como la niña que se me perdió una tarde
dejando de recuerdo un guiño.