alas_marchitas
Poeta recién llegado
°°°
Eran las nubes ebrias de otoño
esa alegría que se tambaleaba
como una música de labios
humedecidos por la calma.
La fragilidad de tus palabras
el estuario de mares plateados
que inundaba mi imaginación.
Tus labios una tormenta
siniestra que me sacudía
hasta hacerme encallar
en las sábanas de tu cama.
La limpieza de tu mirada
el espejo de lejanas dimensiones
en que solía perderme.
Era tu belleza ligera y amable
la razón de mi sustancia,
de mi libertad, de mi sensatez.
Que voy a hacer ahora
que la música de la lluvia
ha sido distorsionada por
el espejismo infranqueable
de tu ausencia.
Ahora que no estas,
solo me queda
un absurdo deambular
alrededor de tu sombra.
Calmar el llanto de las flores entristecidas
con los ecos que dejaste sobre las paredes.
Recoger las partículas de piel
que olvidaste sobre la cama
para confeccionar
nuevamente tu luz.
Quien me curará con su alegría
de ese aire frió que se esconde
entre las vértebras rendidas
por la jornada de las mañanas,
pálidas y endurecidas.
Quien me dará una razón
para librarme del triste sarcasmo
del destino.
Donde estas; asesina implacable
de mi desconcierto.
Eran las nubes ebrias de otoño
esa alegría que se tambaleaba
como una música de labios
humedecidos por la calma.
La fragilidad de tus palabras
el estuario de mares plateados
que inundaba mi imaginación.
Tus labios una tormenta
siniestra que me sacudía
hasta hacerme encallar
en las sábanas de tu cama.
La limpieza de tu mirada
el espejo de lejanas dimensiones
en que solía perderme.
Era tu belleza ligera y amable
la razón de mi sustancia,
de mi libertad, de mi sensatez.
Que voy a hacer ahora
que la música de la lluvia
ha sido distorsionada por
el espejismo infranqueable
de tu ausencia.
Ahora que no estas,
solo me queda
un absurdo deambular
alrededor de tu sombra.
Calmar el llanto de las flores entristecidas
con los ecos que dejaste sobre las paredes.
Recoger las partículas de piel
que olvidaste sobre la cama
para confeccionar
nuevamente tu luz.
Quien me curará con su alegría
de ese aire frió que se esconde
entre las vértebras rendidas
por la jornada de las mañanas,
pálidas y endurecidas.
Quien me dará una razón
para librarme del triste sarcasmo
del destino.
Donde estas; asesina implacable
de mi desconcierto.