Marck Queveck
Poeta recién llegado
Tu Ausencia
Este melancólico estado
no termina con la tristeza,
el corazón débil y agobiado
mucho menos con la pereza;
la lluvia de mis ojos,
mis párpados edematosos,
aún a pesar de la destreza
ya sus raices se han hecho abrojos.
Mis pupilas opacas,
mis obligadas sonrisas;
mis músculos debilitados,
mis costillas flacas,
mis condenadas prisas,
mis anhelos limitados.
Todos ellos aún su precio
me reclaman con firmeza;
ése precio portentoso
que no vale lo que pesa;
pero que en mi alma esta incrustado,
será que sin darme cuenta
estuve enamorado?
Hace tiempo que trato
de resolver el acertijo,
llegan las noches de invierno
te extraño mucho más
y en tus brazos busco cobijo.
Pueden mis labios
decir tantas cosas,
puedo también sufrir
tantas congojas;
pero la voz del corazón
jamás callará por la razón
y un día nuestro centro
de comando por más que se afane
abandonará su misión.
Vuelve, nuestra esencia
se consume con el tiempo;
vuelve, nuestra conciencia
presume del amor su alimento.
Vuelve, resuelve conmigo
en esta ocasión,
el misterio de tu ausencia;
vuelve disuelve conmigo
esta pasión
que quema con tu presencia,
muéstrame que a todo
estas dispuesta
y dame sin decir palabra
la respuesta.
su amigo
Mark Queveck
Este melancólico estado
no termina con la tristeza,
el corazón débil y agobiado
mucho menos con la pereza;
la lluvia de mis ojos,
mis párpados edematosos,
aún a pesar de la destreza
ya sus raices se han hecho abrojos.
Mis pupilas opacas,
mis obligadas sonrisas;
mis músculos debilitados,
mis costillas flacas,
mis condenadas prisas,
mis anhelos limitados.
Todos ellos aún su precio
me reclaman con firmeza;
ése precio portentoso
que no vale lo que pesa;
pero que en mi alma esta incrustado,
será que sin darme cuenta
estuve enamorado?
Hace tiempo que trato
de resolver el acertijo,
llegan las noches de invierno
te extraño mucho más
y en tus brazos busco cobijo.
Pueden mis labios
decir tantas cosas,
puedo también sufrir
tantas congojas;
pero la voz del corazón
jamás callará por la razón
y un día nuestro centro
de comando por más que se afane
abandonará su misión.
Vuelve, nuestra esencia
se consume con el tiempo;
vuelve, nuestra conciencia
presume del amor su alimento.
Vuelve, resuelve conmigo
en esta ocasión,
el misterio de tu ausencia;
vuelve disuelve conmigo
esta pasión
que quema con tu presencia,
muéstrame que a todo
estas dispuesta
y dame sin decir palabra
la respuesta.
su amigo
Mark Queveck
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