Raúl Donoso P.
Poeta que considera el portal su segunda casa
El sol comenzaba a dormirse
y con el tu silueta se hacia más tenue al contraluz,
sólo llevabas un vestido claro que llegaba a tus pies,
vi su transparencia y el contorno de tu figura emergía ante mis pecados.
embelese mi boca abierta recorriendo uno a uno tus declives sin compasión.
Creí ver la extensión de tus pechos,
que desde tu piel traslucía sin corpiño el camisón,
creí en la suavidad de tus caderas,
que perfectas se traducían en mi espera.
Me acerco casi a hurtadillas hacia tus manos,
que cálidas se aprietan a mis dedos,
me acerco silencioso a tu beso por la comisura de tus labios,
me arrimo sin-vergüenza con sólo mi piel.
que desde tu espalda se aprieta hacia tu vientre,
que palpitante juega con mis deseos.
Con sigilo sigo tus manos
que me ubican al comienzo del botón
y uno a uno van cayendo fuera del ojal,
surgiendo de entre ellos
la curiosidad en tono rojo carmesí
que para la ocasión te sugirió,
y en donde anclará mi boca de consuelo en tu perfección.
Con abandono se muestran mis ríos,
que se sostienen liados a tus antojos,
y a trasluz te muestras a través de una vela
que en silencio llamea en desorden,
con figuras bailarinas entremezcladas con el abrazo placentero
de escuchar quejidos angustiosos
que desde tu pecho se mecen en espasmos.
Y en trasluz me permito un detalle,
que entre mi talle
y las paredes de tu calle,
se mimaron consientes desde su calce,
pues ni el sol se enteró de la compañía contagiante,
que ahora sólo en espera del alba hago extensos y te retrases,
para luego tanto tu calle como mi talle se marchen....
y con el tu silueta se hacia más tenue al contraluz,
sólo llevabas un vestido claro que llegaba a tus pies,
vi su transparencia y el contorno de tu figura emergía ante mis pecados.
embelese mi boca abierta recorriendo uno a uno tus declives sin compasión.
Creí ver la extensión de tus pechos,
que desde tu piel traslucía sin corpiño el camisón,
creí en la suavidad de tus caderas,
que perfectas se traducían en mi espera.
Me acerco casi a hurtadillas hacia tus manos,
que cálidas se aprietan a mis dedos,
me acerco silencioso a tu beso por la comisura de tus labios,
me arrimo sin-vergüenza con sólo mi piel.
que desde tu espalda se aprieta hacia tu vientre,
que palpitante juega con mis deseos.
Con sigilo sigo tus manos
que me ubican al comienzo del botón
y uno a uno van cayendo fuera del ojal,
surgiendo de entre ellos
la curiosidad en tono rojo carmesí
que para la ocasión te sugirió,
y en donde anclará mi boca de consuelo en tu perfección.
Con abandono se muestran mis ríos,
que se sostienen liados a tus antojos,
y a trasluz te muestras a través de una vela
que en silencio llamea en desorden,
con figuras bailarinas entremezcladas con el abrazo placentero
de escuchar quejidos angustiosos
que desde tu pecho se mecen en espasmos.
Y en trasluz me permito un detalle,
que entre mi talle
y las paredes de tu calle,
se mimaron consientes desde su calce,
pues ni el sol se enteró de la compañía contagiante,
que ahora sólo en espera del alba hago extensos y te retrases,
para luego tanto tu calle como mi talle se marchen....