Tu cuerpo, mi paraíso oculto

Dioryoja

Poeta recién llegado
Tu piel, blanca como la nieve,
tu cabello, negro como la noche,
ondulado como las olas del mar,
que invita a perderse, a deslizarse,
a recorrer cada curva con ansias calladas.

Tus ojos, marrones,
profundos como el centro de los girasoles,
espejos donde me ahogo, donde me encuentro,
llenos de promesas y de secretos susurrados al viento.

Tu rostro, esculpido por dioses invisibles,
un mapa donde quiero trazar caminos prohibidos,
tu cuerpo, una escultura viva,
que enciende mis dedos y despierta mis deseos dormidos.

Tu sonrisa, esquiva y rara,
cuando escapa, me derrite el alma,
enciende llamas que se deslizan por mi piel,
y hacen temblar cada instante que te imagino cerca.

Tus manos, firmes,
como el tronco de un roble antiguo,
que sostienen y atrapan,
que prometen un refugio en medio del fuego,
y que al tocarme dejan huellas ardientes,
un camino de placer imposible de olvidar.

Tus labios, rosados,
como la flor delicada del cerezo,
son la promesa de un deseo urgente,
de un sabor que se clava y se queda,
un roce que quema, que absorbe el aliento,
que desarma y entrega sin pedir permiso.

Me pierdo admirando tu belleza,
la forma en que sonríes,
el sonido de tu voz que acaricia,
la ternura que emana de ti y me desarma,
como un susurro que se vuelve tormenta,
un juego lento de piel y fuego,
un baile en el que el tiempo se detiene.

Y aunque mi corazón quisiera,
sé que no puedo,
no debo
enamorarme de ti.

Porque en tu ausencia habita un fuego
que consume sin dejar cenizas,
un deseo que arde sin tregua,
un placer secreto que incendia la piel,
y en la penumbra de mis pensamientos,
tu presencia es llama que quema suave,
cautiva y arrasa,
un fuego imposible de apagar.


-Dior
 

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