En la flagelante noche sideral,de tus ojos garfios brotan llamaradas de un fuego intenso,ante el cual no puedo perpetuar mi dulce mirada.Pues me la harías añicos de una torcida gasa de seda desgarrada.Entonces,imploro por tu corazón de hierro que no me hieras más con ese susurro espeluznante que congela mi alma.Mas tú te ríes de mí y de mi penumbra de tristeza crepuscular;que se fragua en las inconmensurables cavidades insondables de mi vacío existencial.Entonces,me pongo a cubierto de tu divina crueldad de numen pagano,sublime y severo.¡Oh!,con cuanta benevolencia me tratas cuando cierras los párpados y me acaricias con esas manos de terciopelo negro.Sólo así remites el eco calamitoso que mortandad en ciernes clama como vetustas campanadas de un vejestorio torreón.Si por un instante me dieses un seco beso de amor en mis encharcados ojos de mustias rosas consagradas a la muerte,te perdonaría toda la fluida crueldad que rezuma de tu espejismo salvaje que traba todo mi cuerpo en inmemorial y transitoria locura báquica.Pero es en vano,tú me quieres matar.