pequeña anie
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ven y enrédate en mis latidos acelerados
jadeante mi pecho erguido tu nombre grita,
ven y desciende por mis senderos dorados
hasta los confines delirantes que te incitan...
Abre las fronteras que custodian el paraíso
deja que tus dedos serviciales sean la llave,
oye mi piel, al desnudo te susurra la clave
y para que seas su dueño, te da permiso...
Has estallar este volcán que has redimido
entre tu benévola lengua de pasión viva,
quiero saciar el fuego que has induccido
con la maestría que me vuelve cautiva...
Quiero sentir el estremecimiento eterno
que solo en tu profundidad pude conocer,
auyenta de mi piel aquel osado invierno
que me prohibía en tu carne florecer...
No temas tomarme con fortaleza viril
en tu cuerpo jadeante de hambre sin fin,
entre tus brazos, en tu cetro de terciopelo
soy hembra de acero y tu fiera en celo.