Ladime Volcán
Poeta que considera el portal su segunda casa
Mi querida Angelluz, sé que te prometí publicar una historia con un cuervo bueno, pero tengo tantos escritos que no la consigo, no me he olvidado, pero me acabo de inventar ésta sólo para ti amiga, pero no lleva cuervos, sino una valiente y enamorada gaviota...Espero sea de tu agrado mi reina, besos, muuaucks!
Las gaviotas hacían un eterno pic nic frente al mar.
Y una de ellas, en actitud vigilante,
siempre se apartaba de las demás;
su mirada penetrante,
no buscaba qué pescar
Atisbaba a un navegante
que cada tarde, en su barcaza, salía a pescar
Tantos días y noches concurrían
entre sus alas y la orilla del mar,
que el resto de las gaviotas asumía
que a loca iba a parar
A veces desesperada, ante la lejanía
del punto exacto que se adentraba en el mar,
extendía sus alas al viento
y comenzaba a revolotear
Se posaba en la barcaza, nada más para observar.
El navegante, somnoliento muchas veces,
otras tantas harto de pescar,
nunca, ni en el peor de los meses,
él la llegó a espantar
Algunas veces se miraban;
algunas veces simplemente se ignoraban;
pero hubo una de esas veces, que hasta un trago, el navegante
a la pequeña gaviota quiso dar
La gaviota partió en el acto, pero no asustada,
ella se fue a pescar al mar,
y un gran pez, aún retorciéndose,
le arrojó desde su vuelo capaz
Así pasaron los días , los meses
y la gaviota desde el pic nic
siempre miraba aquel punto fijo y lejano
en el ancho y solitario mar
De pronto un día, una sombra sigilosa,
a su paso oscureció el mar
Y los rayos y los truenos
comenzaban a zumbar
Y el viento arreciaba terco
azotando a la barcaza en pleno mar
Ella voló contra el viento,
luchó contra él en fuerte duelo,
y a la barcaza logró llegar.
Despertó al marinero
-que dormido entre sus sueños,
de licor añejo-, no reaccionaba, ni aún a punto de naufragar;
con su pico ligero, besó su frente, y el cielo
Con un estruendoso trueno la ayudo en el despertar.
Así se salvo el navegante.
Marinero y pescador de una gaviota en el mar
Pasó el tiempo y tristemente el navegante
nunca más regresó a la mar
Navegante Soy aquella gaviota
Y me muero por saber en dónde estás...
Las gaviotas hacían un eterno pic nic frente al mar.
Y una de ellas, en actitud vigilante,
siempre se apartaba de las demás;
su mirada penetrante,
no buscaba qué pescar
Atisbaba a un navegante
que cada tarde, en su barcaza, salía a pescar
Tantos días y noches concurrían
entre sus alas y la orilla del mar,
que el resto de las gaviotas asumía
que a loca iba a parar
A veces desesperada, ante la lejanía
del punto exacto que se adentraba en el mar,
extendía sus alas al viento
y comenzaba a revolotear
Se posaba en la barcaza, nada más para observar.
El navegante, somnoliento muchas veces,
otras tantas harto de pescar,
nunca, ni en el peor de los meses,
él la llegó a espantar
Algunas veces se miraban;
algunas veces simplemente se ignoraban;
pero hubo una de esas veces, que hasta un trago, el navegante
a la pequeña gaviota quiso dar
La gaviota partió en el acto, pero no asustada,
ella se fue a pescar al mar,
y un gran pez, aún retorciéndose,
le arrojó desde su vuelo capaz
Así pasaron los días , los meses
y la gaviota desde el pic nic
siempre miraba aquel punto fijo y lejano
en el ancho y solitario mar
De pronto un día, una sombra sigilosa,
a su paso oscureció el mar
Y los rayos y los truenos
comenzaban a zumbar
Y el viento arreciaba terco
azotando a la barcaza en pleno mar
Ella voló contra el viento,
luchó contra él en fuerte duelo,
y a la barcaza logró llegar.
Despertó al marinero
-que dormido entre sus sueños,
de licor añejo-, no reaccionaba, ni aún a punto de naufragar;
con su pico ligero, besó su frente, y el cielo
Con un estruendoso trueno la ayudo en el despertar.
Así se salvo el navegante.
Marinero y pescador de una gaviota en el mar
Pasó el tiempo y tristemente el navegante
nunca más regresó a la mar
Navegante Soy aquella gaviota
Y me muero por saber en dónde estás...
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