Nicolas Bera
Poeta recién llegado
Tu guardián
Tomaré la roca que cargas al moverte,
la lanzaré sobre un pequeño río cercano,
te besaré y curaré las inefables heridas,
luego dormiré en ti, sanando el hastío
de tus lágrimas diurnas e insondables.
Cuando despiertes vivirás lo que he nombrado,
lo que he sufrido en tu dolor, lo que he añorado,
nuestro canto, completo y angosto;
se mueve por encima de cualquier calvario,
acompañado por el ángel que hoy nos invade.
Luego verás el recuerdo, mirarás el río cercano,
una lágrima se hundirá en su corriente,
y una ola de armonía te bañará la cabeza,
despeinada, sonreirás y morderás el recuerdo
acre, cederás sobre ella el enojo más sutil.
Ahora que aprecias los rasgos de mi angustia,
ve como viene la roca y como difiere su furia,
¡escapemos! Que tu filo celestial ni tu hermosura
sean dañados por su peso, por su entero
abuso, por tu ineludible tolerar.
Nicolás Bera
28/11/2010
Tomaré la roca que cargas al moverte,
la lanzaré sobre un pequeño río cercano,
te besaré y curaré las inefables heridas,
luego dormiré en ti, sanando el hastío
de tus lágrimas diurnas e insondables.
Cuando despiertes vivirás lo que he nombrado,
lo que he sufrido en tu dolor, lo que he añorado,
nuestro canto, completo y angosto;
se mueve por encima de cualquier calvario,
acompañado por el ángel que hoy nos invade.
Luego verás el recuerdo, mirarás el río cercano,
una lágrima se hundirá en su corriente,
y una ola de armonía te bañará la cabeza,
despeinada, sonreirás y morderás el recuerdo
acre, cederás sobre ella el enojo más sutil.
Ahora que aprecias los rasgos de mi angustia,
ve como viene la roca y como difiere su furia,
¡escapemos! Que tu filo celestial ni tu hermosura
sean dañados por su peso, por su entero
abuso, por tu ineludible tolerar.
Nicolás Bera
28/11/2010
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