Asklepios
Incinerando envidias
Tú, hechicera de las más deslumbrantes de mis penumbras,
que me invitaste a beber de tu agua sagrada;
que me revelaste la verdad de todas las formas;
que gobernaste el palpitar de toda la sangre
que recorría cada uno de mis sueños…
Tú, hechicera de mis desvelos,
entiendo que, tras decidir olvidarme,
prefieres ahora jugar con las olas blandas
de los mares que, dices,
son lo que más te enamora. Que, ahora, prefieres
apostar también, por las lluvias más torrenciales y desordenadas,
en vez de por todas las tibias tardes que,
al compartirlas, siempre confesaste necesitar…
Sólo te diré que no lloraré jamás serás motivo de mi llanto, y que, raudo ya,
para ti desaparezco tras éstas, mis últimas
palabras.
que me invitaste a beber de tu agua sagrada;
que me revelaste la verdad de todas las formas;
que gobernaste el palpitar de toda la sangre
que recorría cada uno de mis sueños…
Tú, hechicera de mis desvelos,
entiendo que, tras decidir olvidarme,
prefieres ahora jugar con las olas blandas
de los mares que, dices,
son lo que más te enamora. Que, ahora, prefieres
apostar también, por las lluvias más torrenciales y desordenadas,
en vez de por todas las tibias tardes que,
al compartirlas, siempre confesaste necesitar…
Sólo te diré que no lloraré jamás serás motivo de mi llanto, y que, raudo ya,
para ti desaparezco tras éstas, mis últimas
palabras.