MarceloG
Poeta recién llegado
Había vendido su última risa;
su dignidad estaba rifada;
arrojada en un charco su vida.
Sabía que no tenía oídos el mundo;
que era ciego, como la noche;
sordo como el barro;
feroz como el hambre.
Le quedaba el sol que pariera,
llenando de caricias su carita.
Apenas latía el día,
en su corazoncito de rubí,
la artista que esculpiera esa vida,
con dolor que le parte el alma,
decidió poner precio a la mercancía,
colocando una lucesita en los ojos,
pinto una sonrisa en sus mejillas.
Llega al mercado macabro,
donde despúes de regatear,
cierra la extraña transacción
por un precio vil.
Perdió el sueño,
pero le grita su conciencia,
! Tu hijo, vive ¡
< Marcelino Guibarra >
< Marcelino Guibarra>
su dignidad estaba rifada;
arrojada en un charco su vida.
Sabía que no tenía oídos el mundo;
que era ciego, como la noche;
sordo como el barro;
feroz como el hambre.
Le quedaba el sol que pariera,
llenando de caricias su carita.
Apenas latía el día,
en su corazoncito de rubí,
la artista que esculpiera esa vida,
con dolor que le parte el alma,
decidió poner precio a la mercancía,
colocando una lucesita en los ojos,
pinto una sonrisa en sus mejillas.
Llega al mercado macabro,
donde despúes de regatear,
cierra la extraña transacción
por un precio vil.
Perdió el sueño,
pero le grita su conciencia,
! Tu hijo, vive ¡
< Marcelino Guibarra >
< Marcelino Guibarra>