Tu invierno quema con su noche de mariposas de fuego
posándose en la red,
orillándome a tus experiencias frustradas.
Te balanceas
en la línea ardiente del mundo
con tus malabares de amor
dibujando besos sobre los números asesinos y presurosos
y tus informáticas tensiones
que revientan como burbujas desveladas.
Y tu hombro tentador
se acuesta en mi neurona sobre las paredes florecida
y tus ojos se agitan como mares y orquídeas en celo,
se encienden como perpetuos relámpagos
y yo aquí leyendo la postura de tu silencio sobre mi imaginación, tomados,
la postura de tu gemido sobre mi lejanía
sudamericana y ardorosa
para batir mis alas
y ser tu ave de almíbar en tu respiración y en tu transpiración,
inusitado río en los poros desbordado.
Tu invierno quema
y mis flores grises comienzan a encenderse pero no se consumen,
y me alumbro
de tu ecuatorial estremecimiento
que retuerce ciudades y valles
en el cuerpo Incendiados.
Tu alma encontrará el amor
que es un niño con la mirada extraviada en el océano
o es rocío en los labios hinchados,
tu alma penetra mis sentidos, mi aliento de olas perfumadas y sales amantes.
Tu alma luminosa con sus colinas brotadas
y su ventana melancólica, su dolor en cuclillas
y su cariño en la silla,
sentada,
esperando la esperanza,
desnudándola,
descubriendo su nívea espalda
llenándole de caricias
para excitar su futuro.
posándose en la red,
orillándome a tus experiencias frustradas.
Te balanceas
en la línea ardiente del mundo
con tus malabares de amor
dibujando besos sobre los números asesinos y presurosos
y tus informáticas tensiones
que revientan como burbujas desveladas.
Y tu hombro tentador
se acuesta en mi neurona sobre las paredes florecida
y tus ojos se agitan como mares y orquídeas en celo,
se encienden como perpetuos relámpagos
y yo aquí leyendo la postura de tu silencio sobre mi imaginación, tomados,
la postura de tu gemido sobre mi lejanía
sudamericana y ardorosa
para batir mis alas
y ser tu ave de almíbar en tu respiración y en tu transpiración,
inusitado río en los poros desbordado.
Tu invierno quema
y mis flores grises comienzan a encenderse pero no se consumen,
y me alumbro
de tu ecuatorial estremecimiento
que retuerce ciudades y valles
en el cuerpo Incendiados.
Tu alma encontrará el amor
que es un niño con la mirada extraviada en el océano
o es rocío en los labios hinchados,
tu alma penetra mis sentidos, mi aliento de olas perfumadas y sales amantes.
Tu alma luminosa con sus colinas brotadas
y su ventana melancólica, su dolor en cuclillas
y su cariño en la silla,
sentada,
esperando la esperanza,
desnudándola,
descubriendo su nívea espalda
llenándole de caricias
para excitar su futuro.