Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Cuando llegaste, el mundo hizo una pausa,
un silencio profundo, como el mar antes de la aurora.
Eras pequeño y grande, un universo en una pausa,
la vida entera resumida en la hora.
Tu llanto primero fue un canto, un himno a la vida,
cada sollozo, una semilla de estrellas en el cielo,
cada respiración, una promesa cumplida,
un secreto ancestral revelado en tu anhelo.
Eras la esperanza que brota tras la larga noche,
la respuesta a tantas preguntas sin formular,
en tus ojos se miraba el futuro, grande y derroche
de sueños, de tiempos que están por llegar.
Cómo no admirar cada línea de tu mano,
cada gesto tuyo, descubrimiento de tierra virgen,
cómo no perderse en el universo de tu llano,
cómo no quererte con amor que al miedo dirige.
Llegaste y con tu piel tocaste la mía,
y todo fue claro, y todo fue luz y fue día,
en ese instante supe que la poesía
no estaba en los versos, sino en tu simple alegría.
Tu madre, con su fuerza de luna llena,
y yo, con mi asombro de cometa pasajero,
nos vimos en ti, mezcla perfecta y serena
de nuestros amores, de nuestro mundo entero.
Eres el verso que Neruda no escribió,
la vida que Sabines sólo pudo imaginar,
eres el poema que en silencio se soñó,
y en tu llegar, amor, comenzamos a caminar.
un silencio profundo, como el mar antes de la aurora.
Eras pequeño y grande, un universo en una pausa,
la vida entera resumida en la hora.
Tu llanto primero fue un canto, un himno a la vida,
cada sollozo, una semilla de estrellas en el cielo,
cada respiración, una promesa cumplida,
un secreto ancestral revelado en tu anhelo.
Eras la esperanza que brota tras la larga noche,
la respuesta a tantas preguntas sin formular,
en tus ojos se miraba el futuro, grande y derroche
de sueños, de tiempos que están por llegar.
Cómo no admirar cada línea de tu mano,
cada gesto tuyo, descubrimiento de tierra virgen,
cómo no perderse en el universo de tu llano,
cómo no quererte con amor que al miedo dirige.
Llegaste y con tu piel tocaste la mía,
y todo fue claro, y todo fue luz y fue día,
en ese instante supe que la poesía
no estaba en los versos, sino en tu simple alegría.
Tu madre, con su fuerza de luna llena,
y yo, con mi asombro de cometa pasajero,
nos vimos en ti, mezcla perfecta y serena
de nuestros amores, de nuestro mundo entero.
Eres el verso que Neruda no escribió,
la vida que Sabines sólo pudo imaginar,
eres el poema que en silencio se soñó,
y en tu llegar, amor, comenzamos a caminar.